A 400 quilómetros en el aire

Litus Iribarren Posa

Al fin me dije para mis adentros. Ya eran las cinco de la tarde hora de ir a casa. Pero tenía deberes de ciencia los hice, entonces mire un rato la televisión i me puse manos a la obra para hacer la maleta. Me iba una semana a la China. Solo. Me iba de intercambio con un amigo que vivía allí en la China. Era un amigo que había conocido en un campamento de verano. Cuando me estaba haciendo el equipaje caí en la cuenta que le debía hacer-le un regalo a mi nuevo amigo. Le compre un poco de comida típica española i un jersey. Después de hacer-me el equipaje fui a la cocina a comer. Eran las nueve de la noche i tenía que comer un poco. El plan era Madrid –Dubái en avión, Dubái-Shangai también en avión i allí me encontraría con mi amigo Wan – Lee. Durante la noche no pude pegar ojo, estaba muy nervioso. Al despertarme por la mañana no pude ni desayunar. Mi madre llamó a un taxi que acompañara al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. El viaje fue plácido, hubo un poco de turbulencias pero por todo lo demás estuvo perfecto. Pero el viaje Dubái – Shangai fue todo lo contrario. Tenía un niño pequeño que no paro de llorar. Al llegar a Shangai vi a mi nuevo amigo. Primero fui a su casa deje mi equipaje descansamos un poquito i me propuso hacer una ruta en tren por Shangai y yo acepte encantado. Cuando llegamos a la estación me dijo que cerrara los ojos porque quería enseñarme una sorpresa. La sorpresa era que el tren en el que íbamos a viajar no iba por el suelo. Mi amigo me dijo que el tren tenía imanes en las ruegas y en la vía también había imanes. Me dijo que los imanes constan de dos partes llamados polos (polo norte, polo sur) y que cuando dos polos iguales se intentan ajuntar se repelen , y es por eso que el tren no va por el suelo porque los imanes de las ruedas y los imanes de la vía tienen polos iguales. Fuimos en el tren e iba muy rápido. Fue un viaje para enmarcar. Cuando regresamos a Shangai le dije a mi amigo que el viaje fue espectacular. Pasamos el resto de la semana en Shangai y el día de mi regreso a España le dije que ha sido la mejor semana de mi vida i que nunca la olvidaré. Cuando regresé a España me sentí muy contento porque había regresado a mi país pero triste porque eche de menos volar en tren.