MENTE DESCONOCIDA

Suena el despertador. Las nueve de la mañana. Miro a mi derecha y veo a una mujer mayor a mi lado, tiene el pelo corto y rizado. Lleva un camisón rosa bastante largo. ¿Quién es esta mujer?
Me mira y sonríe, no me doy cuenta de que tengo la boca abierta hasta que me acaricia la mejilla con su arrugada mano.
-Buenos días. -me dice con una amplia sonrisa.
-¿Quién eres? -le pregunto.
-María, tu mujer. Y ahora levántate que los niños llegaran en cualquier momento. -me responde con ojos cansados.
¿Mujer? ¿Niños? Estoy como si me hubieran metido en un cuento que jamás he leído. Busco en algún rincón de mi mente algún recuerdo con ella. Nada. Su cara me es totalmente desconocida.
Suena el timbre. María se acerca a la puerta y la abre lentamente. Entran unas diez personas. La mayoría niños. Me miran de reojo. María los recibe con una amplia sonrisa y cuando ven mi cara de asombro, la miran desconcertados, respondiéndola ella con una mirada complice. Y al momento, sonríen. No entiendo nada. Es como un acertijo.
Nos dirigimos todos al salón. Cuando toman asiento. Empiezan a hablar. Mantienen una conversación de la cual, yo me siento bastante apartado.
Intento hacer memoria. Algún recuerdo, algo que me relacione con toda esta gente. Nada. Miro a mi alrededor. Los niños juegan tirándose comida entre ellos.
De repente, noto un tirón en mi camisa. Miro a mi izquierda y veo a un niño de ojos verdes y pelo castaño, de unos 5 años.
-Abuelo, abuelo! Marta me ha tirado el pollo en la camiseta! -exclama enfadado el pequeño niño.
-Eso es mentira abuelo! Se lo ha tirado el mismo, no lo creas! -exclama otra niña rubia de ojos azules, esta es más mayor, unos 8 años.
Observo a los dos niños discutir, me recuerdan a mi cuando yo era pequeño. Recuerdo que siempre discutía con mis hermanos. Siempre ganaba yo. Los hermanos pequeños tenemos un cierto privilegio con las peleas. Espera, he dicho ¿recuerdo?. Los recuerdos invaden mi mente. Miro a los dos niños. Miro a toda la gente que hay alrededor. De repente, las caras desconocidas que veía antes, ahora tienen nombre. La mesa se pone en silencio, y me miran con una amplia sonrisa, con ojos brillantes y miradas cómplices. Ahora recuerdo todo. Toda esta gente. Todo. Sus caras me son conocidas. Esta gente, es mi familia.