Tú, quien hoy y mañana me hace despertar

Hoy, un día lluvioso, un día en el que unas pequeñas gotas de agua nos atacan desde 3.500 metros de altura a 8 km por hora. Hoy, quizá el último día que te vea, el último día que te abrace o el último día en que mis labios acaricien lentamente tu suave piel. Hoy, quizá mi infierno o el mejor día de mi vida.
Me acuerdo de ese día, al final fue el último día que te vi, te abrace durante unos segundos, pero me fui. Fue culpa mía y me arrepiento, no lo tendría que haber deseado, y no me tendría que haber marchado, ahora estoy dudando, no sé si tú eres la que realmente te has marchado o soy yo la que te echado.

Hoy, ya he llegado a ese sitio donde o curan la gente o le dicen adiós, espero que en tú caso no digan adiós, pero yo ya sé que es demasiado tarde, pero igualmente, aunque lo sepa, lo que no sé es aceptarlo. No sé aceptar que ya no te volveré a ver, que no estarás ni en mi graduación, ni en mi boda, ni el día en que tenga mi primer hijo, ni el segundo, ni el tercero, aún tengo que asimilar que no estarás ni en los mejores ni en los peores días de mi vida, ni en los que no sepa distinguir si es un buen día o un mal día. Ya he llegado a tú habitación, si es que se puede considerar eso. Comienzo a ver lo poco que queda de ti.

Recuerdo como eras en ese momento, estuve viéndote durante 3 años así, cada día deteriorándote un poquito más y más y más… 3 años, que no pasan precisamente rápido, imagínate si un año son 365 días, 12 meses, 52 semanas, 8.760 horas, 525.600 segundos… Y eso tres veces… Ahora te veo en fotos y casi ni te reconozco, llegué a pensar que no eras la misma persona o que yo ya te había conocido así. Sin poder comer, sin casi poder levantarte, pidiendo ayuda a mi madre para que te cuidara, suplicando a Dios que te curara… Y ya vi que no te hizo caso, que no rezamos lo suficiente o que hubiéramos tenido que rezar menos. En fin, que llegué a pesar más que tú, a pensar más que tú, a cuidarte yo a ti sin esperar a que tú me devolvieras el favor… Y me pregunto cómo llego a pasar tan rápido y tan lento en el mismo momento, el momento que yo ya quería acabar. Quería que todo acabase y que volviera a comenzar una nueva época, en la que por desgracia no estabas tú.

Hoy, me acerco a ti y te digo adiós de corazón, que no sé que hay después de esa famosa luz blanca, y me sabe mal que tú lo vayas a descubrir, sola, sin todos nosotros. Que cuando te vayas descubrirás cosas de mi que no sabes ni sé yo porque las he hecho. Que me sabe mal haber deseado que te fueras, pero no aguantaba más. Que hoy te doy mi último beso, mi último abrazo y mi última mirada hacia ti.

Lo peor es que te di esas tres cosas sin saber realmente que las compartiríamos por última vez, que desee que todo acabará porque pensé que todo terminaría cuando tú te fueras, pero todo continúa igual menos que tú no estás, lo mejor de mi vida ya no está. Pero eso no es peor ni mejor, es un cambio y ya está, un cambio de 360 grados que aún no asimilo ni los 180 grados. Te echo de menos abuela, aún espero que algún día vuelvas.