FLYER I

FLYER I

Era un día nublado, gris, Orville Wright estaba en su despacho otra vez con esos planos, en cambio Wilbur Wright estaba descansando en su otro despacho con los pies en la mesa y las manos en su regazo intentando echar una cabezada.
Yo, en cambio, mirando con mis prismáticos de última generación con lentes de aumento incluidos, me costaron la paga de un año pero valió la pena. Me intrigaba lo que estaban llevando a cabo así que decidí investigar por mi cuenta.
Cada día era la misma rutina: me levantaba, desayunaba, me arreglaba, me vestía y me iba hacia el colegio. Cuando llegaba a casa hacía los deberes y cogía mis prismáticos y me ponía a observar a los hermanos Wright. Llegó el verano por fin, ahora tenía el tiempo libre para hacer lo que quisiese así que podía investigar más a fondo su plan. No pensaba quitarle su plan y quedármelo sólo era simple curiosidad. Era de noche, ellos aún estaban trabajando en el proyecto, los dos en el mismo despacho, no me acuerdo ahora de que despacho era si el de Wilbur o el de Orville. Decidí esperar a sus movimientos, vi que se iban para adentro de la casa. Pensaba que se habían ido a dormir y me desesperé. Decidí avanzar y dar la vuelta a la casa, estaba al lado de su patio trasero cuando escuche un chirrido de una puerta que se abrió y se cerró, le siguieron voces de los hermanos que no lograba comprender ya que hablaban entre susurros y escuché los pasos de los hermanos acercarse hacia la pared de su patio trasero, en la misma que yo estaba apoyado. Abrieron la puerta de su patio trasero para salir hacia la calle, en ese momento me tiré al lado de un arbusto para que no me vieran, ellos pasaron por mi lado y se fueron hacia las montañas. Orville iba delante con la linterna y Wilbur detrás, Wilbur se iba girando para mirar si alguien los seguía y yo tenía que moverme con mucho cuidado ya que si fallaba en esos momentos ya me podía despedir de mi plan. Cuando llegaron a las montañas fue todo más fácil ya que había más sitios para esconderse, era como un juego, yo contra Wilbur si me encontraba yo perdía pero si él no me encontraba yo ganaba. Cuando Dayton se veía ya lejos rodearon la montaña y se metieron en una especie de cueva muy escondida ya que si yo hubiera pasado por ahí no la hubiera visto .Por ahí no pasaba mucha gente así que era un buen sitio para esconder algo. Entraron en la cueva y yo me acerque a ella con cuidado y eché un vistazo rápido, las luces me cegaron durante un instante y aparté la cabeza rápidamente. Me fijé en el oscuro cielo y las blancas estrellas que brillaban como perlas. Me giré otra vez hacia la cueva y escuché voces a lo lejos así que decidí avanzar.
Era una cueva larga y estrecha y en el final había una puerta, empecé a correr hacia ella para comprobar si se habría, un gran alivio me inundó el cuerpo, la puerta estaba abierta. Entré en ella sin vacilar y me caí al suelo, delante tenía una enorme máquina con forma de pájaro. Los hermanos estaban al final con unos papeles, ahora ya sabía lo que estaban planeando, lo que pasaba es que no sabía para que servía esa máquina así que tenía que mirar los papeles que llevaban de mesa en mesa los hermanos. Por asombro se marcharon rápido y dejaron los papeles sobre las mesas. Cuando se marcharon empecé a revisar los papeles en que ellos habían dibujos de la máquina, y otros tipos de dibujos. Me estuve mirando los planos y decidí montarme en aquella máquina a la que llamaban Flyer I. Me subí al Flyer I. Me subí a la cabina, tenía una silla de cuero, de un tacto precioso, delante tenía un panel de control donde habían diversos botones de distintos colores, también estaba el mando para controlar la subida y la bajada del avión. Cuando pulse varios botones noté que las hélices empezaron a moverse, cogí el mando de control y empecé a controlarlo. Al fondo de la cueva había un agujero por donde el Flyer I podía caber, así que me decidí y me lancé hacia afuera. No tenía palabras para describir lo que sentía en aquel momento, fue una sensación increíble. ¡Estaba volando! ¡Como un pájaro!
Y de repente me despierto y escucho la voz de mi madre: ¡Oliver a desayunar!


Àlex Alsina Vilamanyà