La Trampa

La trampa.

Había recibido una beca de la universidad politécnica de mi ciudad. Cubriría suficiente para hospedarme despreocupadamente en la capital. Entonces fue cuando me planteé algo que llevaba tiempo rondándome en la cabeza.
Hacía un año que la compañía Neurolink había sacado su dispositivo para mejorar las capacidades humanas mediante una inteligencia artificial. En su primer lanzamiento estaba fuera del alcance de la mayoría de la población, pero dos semanas atrás, salió al mercado una nueva versión a menor precio y mayor calidad.
Claro qué, si no fuera por mi trabajo a media jornada, no podría gastarme el dinero de la beca en algo como eso, así que a los dos días hice el pedido por internet y en menos de una semana me llegó a casa.
Mientras esperaba impaciente, me planteé todo lo que podía suponer en mi vida. ¿Qué me iba a pasar? Podría leer todos esos libros pendientes en una sola noche. Y la universidad, más que una carrera se volvería un paseo por el campo. En cierta manera, se podría ver como una forma de invertir el dinero de la beca.
Para cuando estaba desembalando la caja, estaba seguro de que era la mejor idea que había tenido en mi vida. Venía con una pistola perforadora para introducirla en el cuerpo. Tras un pequeño susto y un pinchazón, mi vida no volvió a ser la misma.
Al terminar el curso, me cambié de carrera. Me volqué en un campo profesional que me apasionaba más, neurotecnología. Terminé la carrera en tres años. Y para entonces el mundo había cambiado mucho. Ya desde temprana edad los niños tenían acceso a la conciencia mejorada. Mucha parte de la población no lo veía con buenos ojos, pero todos ellos morirían algún día, dando paso paulatinamente a una generación en que el uso de la conciencia mejorada fue algo completamente natural.
Años después, mientras trabajaba en una investigación privada, hasta los grupos de población que eran más reacios a NeuroLink, usaban su tecnología. La sociedad cambió tanto en tan poco tiempo, que ni la Super IA del gobierno Chino, primera superpotencia en esta época, podía predecir la evolución social que experimentaría el mundo ni en un plazo de 6 meses.
Unas décadas después Neurolink era tan natural como internet, la radio o el fuego. Muchos países acabaron en la ruina, otras se desarrollaron de manera increíble. Muchos países de America Latina se habían unido y conformaban una de las superpotencias más poderosas del planeta.
Con cincuenta y siete años comencé a trabajar para NeuroLink en una nueva investigación. Recuerdo cuando me lanzaron la propuesta y explicaron el proyecto. “Traspasar la conciencia humana a una realidad virtual”. Si me lo hubieran propuesto hace cinco años habría pensado que se trataba de una broma. Pero ahora me extrañaba más que me lo pidieran a mí, que la propuesta en sí. De hecho, durante un segundo me sentí decepcionado, creía que ya habían empezado a trabajar en eso, pero la decepción desapareció cuando fui consciente de que yo formaría parte de ese hito.
El proyecto fue un éxito y su lanzamiento una conmoción para la humanidad. Habíamos creado el paraíso. Lo bautizamos como Heaven, una alternativa a la muerte. La gente tenía la opción de transferir sus conciencias a una realidad virtual, para, literalmente, alcanzar la inmortalidad.
El super ordenador de Heaven era un simulador de experiencias vitales, en la que las conciencias vivían de forma repetida diferentes realidades, diferentes vidas. Con el único fin de poder deleitarse con la existencia indefinidamente.
El nivel de simulación era tan real, que una vez dentro de ella, no podrías diferenciarla del mundo real. Tampoco podías recordar tu vida pasada. Ni las vidas que ya habías vivido dentro de la propia simulación. Esto era vital para dar coherencia a las experiencias de las conciencias dentro de Heaven.
Tras jubilarme, y cumplir los 85 sufrí una enfermedad terminal que me empujó a tomar una decisión. Conectarme a Heaven para que mi conciencia pudiera seguir disfrutando de la existencia para siempre o morir. Pero por un momento lo pensé… ¿Y si la realidad en la que vivimos forma ya parte de una supersimulación? ¿Y si todo lo que hemos vivido forma parte de una realidad simulada? ¿Es esta la realidad real? ¿Estamos ya dentro de Heaven? ¿Cómo podría saberlo? Y la pregunta más importante… ¿Quiero seguir con esto? Morir es necesario, si ya estaba dentro de Heaven no había vuelta atrás, estoy condenado. Pero si no lo estoy, todavía tengo una oportunidad. Moriré antes de que sea demasiado tarde.