Mi propia ley

«Si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal»; esa es una frase que recorre cada día mi mente, algo disparatada, pero ¿acaso incierta? Todo depende del punto en el que lo mires, bienvenidos a mi blog. Yo no solía verlo con claridad, mi vida siempre ha sido un caos, todo podía, y salía mal, con deciros que la trayectoria de mi desayuno, una tostada con mantequilla, siempre se veía interrumpida por un salto al vacío, así es, la tostada decidió hacer puenting, pero sin cuerda, siempre caía del mismo lado, justo en el que estaba la mantequilla, arruinando así que pudiese desayunar en paz por una vez. Podéis decir que soy paranoica, pero, ¿a que no podéis entender por qué justo cuando más prisa tienes, más semáforos hay rojos? Ah, ¡os pillé! Tampoco lo sabéis, o el simple hecho de que cuando duermes con alguien que ronca, siempre se duerme el primero y, claro, serás tú el que tengas que aguantar la novena sinfonía del tabique desviado de tu amigo, o no, ¡Ya sé! Sabéis eso de: “¡Mamá, no te vayas sin despe… ¡Pum! Te caes con tanta intensidad que no sabes si has traspasado la corteza terrestre o solo querías admirar la fibra de la moqueta. En ese momento, en el mismo lugar donde has hecho tu entrada triunfal, está tu madre presente, los testigos de Jehová, tu hermano mayor, el perro y algún vecino curioso, total siempre habrá alguien cuando hagas algo mal, en conclusión: «Si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal».
Y bueno esa ha sido el artículo de hoy, espero que os haya gustado y que me dejéis muchos comentarios.
….
- ¡Murphy! Deja de jugar con tus cohetes de juguete y baja a desayunar.
-Mamá no son cohetes, son figuras de coleccionista.
-Sí claro, lo que tú digas…