Atrapada

No sé donde estoy. Estoy totalmente desubicada y a oscuras. Voy andando y tocando las paredes para intentar buscar una salida. Me cuesta mucho moverme, no tengo fuerzas. Tampoco sé cuánto tiempo llevo aquí pero sé que esta estancia se me está haciendo eterna. Sigo tanteando las paredes, parece ser una habitación vacía. ¡Espera! Recuerdo algo… ¡sí! ¡El agua!, de eso se trata. Pero… ¿por qué me siento tan mal al hablar de ella? Siento una sensación de agobio y de falta de oxígeno cada vez que lo hago. Voy a dejar de pensar en ello y centrarme en buscar una salida. Llevo horas o incluso días rondando por esta habitación sin llegar a mi objetivo. Sin embargo, por primera vez, veo algo a lo lejos, parece a una salida, un punto blanco entre toda esta oscuridad a la que ya estoy acostumbrada. Empiezo a escuchar la voz de gente que no conozco y que dice: “No lo hará… Su estado… Ha tragado mucha agua…”. No sé de qué hablan pero solo sé que necesito encontrar a alguien que me saque de esta pesadilla. Seguidamente escucho unas voces conocidas. ¡Son mi hermana y mis padres y… mi mejor amiga! Pero, ¿por qué lloran? ¿Por qué dicen que voy a morir? ¿Qué me pasa? Empiezo a correr hacia la puerta mientras oigo voces en mi cabeza que repiten: “¿Tan solo veinte minutos en coma? Y todo por aquella excursión al río…Tienen que hacer algo, solo tiene 9 años”. Espera, ya lo recuerdo todo, el otro día fuimos de excursión con la clase al río pero por qué iba a quedar en coma por ello? En cualquier caso, no lo estoy, simplemente será una broma pesada de mis compañeros intentando hacerme creer que son mis padres y que estoy a punto de morir. Corro desesperadamente hacia la puerta y cuando casi alcanzo mi objetivo éste desaparece y a la vez que lo hace mi cuerpo empieza a tambalearse. ¿Qué significa esto? No escucho esas voces agitadas que me perturbaban mientras que corría hacia aquí. Hola… chicos… sacadme de aquí… esto ya no tiene gracia... sigo sin oír nada. Claudia… Laura… no tengo fuerzas ni de hablar… desisto en llamarlos… de repente mis piernas cedieron y caí precipitadamente al suelo, sentía como todo se derrumbaba a mi alrededor, caí en la cuenta, no se trataba de una broma pero no tenía nada que hacer. Me quedé quieta, no podía mover ni un músculo, todo ello mientras mis ojos se cerraban lentamente. Dejé que la muerte se apoderara de mí, ya era demasiado tarde para luchar contra ella.