El científico loco

Cuando era pequeño soñaba con ser un científico loco. Lo sé. Siempre he sido un tanto peculiar. Lo sigo siendo. Pero es que...yo no quería ser futbolista como esos otros chicos, ni bombero, ni nada por el estilo. Tampoco quería ser científico a secas. Si mi nombre tenia apellido, entonces mi profesión también debía tenerlo y, supongo que pensé, que "loco" parecía divertido. Así que mientras los otros niños pateaban balones, yo me sentaba solo en el césped y diseccionaba toda clase de pterigotos. Disfrutaba descubriendo su interior, recogiendo resina de los árboles y fabricando peligrosos "venenos", hablando solo en una esquina. Aun me acuerdo de aquel día en que encontré en la pared un miriápodo o aquel otro en que me caí en el patio y por fin pude observar algo de mi propia sangre. Con el tiempo mis profesoras terminaron por disimular su preocupación rebautizandome como "el pequeño investigador". "Enternecedor", suspiraban.
No fue complicado alcanzar tal oficio, el tiempo para estudiar acostumbra a sobrar cuando no tienes amigos. Al fin, era científico, y uno bueno además. El apellido tardó más en llegar...
Durante años, todo fue como aquel ciempiés del patio, extraordinario. Quería descubrirlo todo y parecía que podía hacerlo. Tejidos, fluidos,humanos enteros, vertebrados e invertebrados de cualquier tipo, bacterias, virus. Cada día comportaba al menos diez nuevos misterios por descubrir al alcance de mi mano. Comencé a investigar. Tras mi aclamada tesis, mis posteriores análisis exhaustivos y algún que otro descubrimiento, mi reconocimiento se hizo mundial. Empresas internacionales se peleaban por mí y yo solo quería estar solo. Demasiada presión. Comencé a delirar. Me decanté por trasladarme al mejor centro de investigación de Norteamérica. Fue una decisión difícil, hasta que me prometieron un ala entera del edificio solo para mi y todo espécimen que se me antojara tener a mi disposición. Y la bendición se convirtió en tortura. En insomnio. Veinticuatro horas diarias dedicadas al adictivo microscopio. Nadie interfirió nunca en mis asuntos, aunque sé que resulte ser temido por algunos y falso mito para otros. A este hecho, yo decidí llamarlo "capa de invisibilidad" porque era precisamente eso lo que me confería. La ciencia me condenó de nuevo a esa esquina del recreo, detrás de un cristal opaco. En el regazo de la curiosidad interminable hallé respuestas que nadie antes supo descubrir. No las apunté, no las difundí, eran mías, solo para mí.
Años sin apenas dormir, sin hablar y sin cambiar el gesto fueron lo que siguió.
Mi oculta presencia en el centro me dio acceso a todo cuanto quise y fue así que lo encontré.
Hace 2 días 3 horas y 26 minutos. Ese es el tiempo exacto que ha transcurrido desde que lo averigüé, desde que, en medio de mi locura, hallé la más cruel verdad que el universo, hasta ese momento, había escondido. Yo lo hice. ¡Yo! Y de la misma forma me arrepentí. Por una vez en mi vida quise la ignorancia en su lugar. Fue un segundo, solo un segundo en el que palidecí, respire hondo y me proclamé Jesucristo.
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Cogí mi capa y mi cristal y de puntillas tome la cepa idónea. De entre mis caprichos inicialmente satisfechos sin tan si quiera mover un musculo, los virus fueron siempre mis favoritos. Hartos de mis insaciables estudios recibí una copia de las claves de "el centro de investigación más seguro del sistema solar"...ingenuos. En mi situación de sabia demencia escogí el que mejor se adaptaría a mi plan. La muté.
Y me infecté.
Esa era la salvación. No cabía duda. Me negaba a aceptar el destino que, había descubierto, nos aguardaba. Me negaba a verlo. Era inevitable. Tenía que moverme a contrarreloj. Tomé un billete de tren Amtrak de larga distancia, con paradas turísticas y sin retorno, de un lado a otro del país.
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Pasaré una noche aquí en Nueva York y mañana a primera hora me acercaré al aeropuerto para comprar un asiento del primer avión con destino China, de nuevo me recorreré el país y seguiré viajando durante 19 días, 21 días después de la infección. Lo he estudiado a fondo. No hay forma posible de frenarlo. En poco mas de dos semanas los primeros síntomas aparecerán en territorio americano. Los especialistas tardarán meses en descubrir la enfermedad a la que se enfrentan...bueno, las enfermedades. El fin de la vida en la tierra está calculado para dentro de 2 años, 5 meses y 28 días, justo a tiempo.
Este mensaje está programado para ser enviado y subido a la red el día en que tendrá lugar mi fallecimiento y, espero, desate el caos. No hay cura. No hay salida.
-Caballero, tiene que bajar del tren.
-Claro, disculpe.
El científico loco os ha asesinado a todos.