Nada

¿Acaso nunca te han preguntado qué superpoder te gustaría tener? Creo que es una incógnita que llega cuando imaginamos que todo es posible (aunque suene ridículo). De todas las habilidades sobrenaturales, descubrí la que siempre quise tener. Pero todavía no la puedo mencionar en voz alta, porque alguien se podría copiar de mi idea. Creo que es una de las razones por las que en estos años he escuchado pocas veces mi voz.

Supongo que mi invento no es el primero. Que ya hay gente que lo ha intentado. Pero no hay pruebas de esto. En ese caso, sería la primera vez que tiene éxito. No voy a mentir, sí fue por casualidad. Pero casi siempre así ocurren los grandes descubrimientos científicos. ¿O acaso Fleming hubiera descubierto la penicilina si limpiaba su estudio?

Ese día, había preparado una sustancia para aliviar mi dolor de garganta. Con una cuchara, mezclé el líquido y el azúcar. Y en eso, al sacarla, ¡desapareció la parte cóncava! Desde entonces, he estudiado detenidamente los compuestos para reproducir la mezcla. Lo que más me ayudó fue un ingrediente especial. ¿Qué cuál es? Me encantaría contártelo, pero hasta donde aprendí, el ingrediente secreto debe permanecer oculto.

Este ‘accidente’ fue hace cuatro años. Para dedicarme exclusivamente a su desarrollo, me aislé todavía más del mundo. Siendo sincera, nunca tuve tantos amigos y mi familia, al igual que el pueblo, siempre creyó que era rara. Es verdad que desde pequeña hablo sola, como ahora, pero eso no es extraño, ¿no? Llegó un punto en el que solo me criticaban y creían que iba a contagiar a los infantes con mi locura. Así que me expulsaron. Quiero decir, yo los abandoné. Esa plebe no se merecía mis brillantes ideas. Finalmente, fue lo mejor, pues terminé dignamente sola. Y muy pronto, exitosa.

Continuando con mi invento, convertí el líquido en algo parecido a una cápsula. Cuando se toma, esta se disuelve y la sustancia viaja a través de las venas. Entonces, se logra la invisibilidad. ¿Y para dejar de ser invisible? Simple: inventé una pastilla, que tiene como compuestos los mismos que los de la cápsula. ¿Suena incoherente? Probablemente, pero ya hay casos descubiertos donde del veneno se saca la cura de este. Tranquila, va a funcionar. De eso no cabe duda.

Durante estos últimos meses, me he preguntado repetidas veces porqué deseo encontrar la forma de ser invisible. En mi caso, creo que ya lo soy: vivo aislada en una pequeña casa en medio del campo. Pero olvidando esto (que por cierto, no es nada deprimente y cualquier persona envidiaría este estilo de vida), supongo que quiero hacer feliz a una Amelia más pequeña. Era ignorante de lo cruel que puede ser la sociedad y hacía oídos sordos a cualquiera que la moleste. Ella era una niña admirable. Yo era una niña admirable. El punto es que deseaba ser invisible para hacer lo que quería sin que nadie me reprima. Soñaba con ser libre de todo lo que me ataba a la realidad. Quería ser yo misma.

Bueno, concéntrate. Si me demoro más, voy a dudar demasiado. Hazlo.

Y unos minutos después, Amelia desapareció. Se había vuelto invisible. Se miró en el espejo, y al moverse y probar distintas posiciones, lo confirma: funcionó. Ahora quería asustar a la gente, contarle a alguien de su invento y escuchar lo que las demás personas decían a sus espaldas. Pero se dio cuenta que no había nadie a quien asustar, nadie a quien le interesara escucharla y nadie que hablaba de ella. Se queda pensativa. Y en eso, vio lo triste que era su vida. Tan solitaria, sin nadie con quien compartirla. ¿Esto es lo que hubiera querido Amelia niña? Decidió tomarse la pastilla e ir a ver su familia, hacer algunos amigos y volver a disfrutar de todo. Planeaba hacer oficial su invento, pero luego se alejaría un tiempo de la ciencia. Iba a ser lo mejor.

Espero. No pasa nada. No siento nada. No pasa nada.
Relájate. Respira. Ahora vuelves a la normalidad.

No pasa nada. Ahora ya me preocupé. ¿Si me equivoqué en un ingrediente? ¿y si no existe ninguna manera de resolver esto? ¿si en este caso, la cura no estaba en el veneno? Debo resolver esto. Me quiero mirar al espejo otra vez, pero sé que no debo, porque así sería oficial lo que pienso: que quedaré en el olvido. Tal vez por eso no se sabe de nadie que haya encontrado algo para la invisibilidad: porque no planearon una salida o estuvieron demasiado seguros de esta. Porque desaparecieron. Porque, al igual que yo, se volvieron nada. No, nunca probé la pastilla. Sí, tuve que haberlo hecho. ¡Para de preguntar y de quejarte! ¡Cállate Amelia! Tal vez el ingrediente secreto nunca tuvo que ser la soledad.