Un sueño de poca durada

Había una vez, un hombre de treinta años, pelo moreno, nariz puntiaguda, orejas grandes, ojos azules y con gafas que se llamaba Pedro. Era una persona muy familiar que vivía a las afueras de un pequeño pueblo y trabajaba como profesor de ciencias en un instituto, pero su sueño desde que tan solo tenía seis años era convertirse en mago y ser el mejor. Si algo tenía claro era que no quería ser un mago mediocre que iba haciendo espectáculos por las calles para curiosos que paseaban en ellas o salir en la televisión. Nada de eso encajaba con su personalidad y su forma de ser, él era diferente a todo lo nombrado anteriormente. Es más, decía que lo normal le aburría y que él quería ser especial, por eso decidió investigar fórmulas y hacer experimentos con sus inseparables probetas y ratones de laboratorio. Desafortunadamente, no congeniaba con sus alumnos. Estos y estas estaban anonadados con el personaje que les había tocado y por eso, decidieron no ir a ninguna de sus clases o bien poner excusas para saltárselas.



Para cumplir su sueño y destacar en todo lo que se propusiera y así darse a conocer en todo el mundo, decidió usar una frase mágica como la siguiente: " abracadabra pata de cabra" y aprovechar sus dotes de mago y la varita mágica para hacer aparecer y desaparecer a todos los monstruos o animales que él quisiera y convertirlos en adolescentes normales y corrientes cuando a le pareciera conveniente. Era algo fuera de lo normal y es que esos monstruos, animales y personas se alimentaban a base de mezclas homogéneas que él inventaba o descubría. Nadie sabía que llevaban esas mezclas ya que sus componentes no se diferenciaban a simple vista y obviamente, ese era su secreto mejor guardado. Además, juró no contárselo a nadie jamás. Gracias a esas mezclas que eran la base del experimento pudo hacerse muy famoso, ganar mucho dinero y impresionar a los demás magos y profesores del instituto donde trabajaba, los cuales siempre se habían reído de él por ser una persona muy rara. También, consiguió tener alumnos en sus clases, pero no eran unos cualquiera, sino que eran los monstruos que había convertido en adolescentes. Gracias a ellos, sus nuevos “amigos”, pudo volver a sentirse profesor y así explicarles todo lo que sabía de ciencias, que no era poco.

Todo era perfecto hasta que una aburrida tarde de domingo, su hijo Miguel de siete años decidió ir a investigar al despacho de su padre. En esta sala tenía la entrada rotundamente prohibida, pero ignorando lo último entró y después de estar mucho rato cotilleando, mirando y observando células por los microscopios, le quitó una maravillosa y llamativa varita mágica que estaba situada encima de la mesa y una bolsa donde había un contenido desconocido y interesante. Sin duda alguna, un ingrediente muy importante para su padre. Nada más y nada menos que uno de los dos componentes de la mezcla homogénea que usaba para alimentar a los monstruos o a los animales que se convertirán en adolescentes o a los adolescentes cuando se les acababa el efecto y quería que siguieran siendo personas.

Cuando su padre se dió cuenta se desesperó mucho ya que era la ultima bolsa que le quedaba y las tiendas donde lo vendían estaban cerradas. Sin poder ponerle solución al problema porque la varita mágica también estaba desaparecida y con él tiempo en contra, decidió avisar uno por uno a los vecinos para que se fueran de la ciudad porque unos monstruos gigantes la destruirían completamente. A pesar de sus súplicas, ningún vecino lo creyó, es más, por avisarlos se llevó malas contestaciones y humillaciones, pues lo trataron de loco. Una hora y media más tarde los adolescentes empezaron a transformarse, convirtiéndose así en gigantes y peludos monstruos que paseaban al aire libre por el pequeño pueblo, aterrorizando a los habitantes de larga edad. En consecuencia de ese gran descuido por parte de Pedro, los pueblos y las ciudades más cercanas quedaron destruidas y su carrera profesional como mago también. Unas horas más tarde, el protagonista encontró la varita mágica en la inseparable mochila de su hijo e hizo desaparecer por arte de magia a los monstruos y dar mucha faena a los arquitectos.


Sin duda, una historia muy conmovedora donde refleja que el éxito y la desgracia son dos palabras en un mundo de las ciencias y la brujería que van unidas. No se necesita mucho tiempo para pasar de una situación a otra.