El misterio de la tabla periódica

Tarde de otoño, viento fresco mientras paseo por las calles estrechas de Bilbao. Todo trasciende como un día normal. El viento sopla más fuerte agitando las ramas de los árboles de una forma violenta. Los pájaros vuelan en lo alto del cielo y el viento aumenta su intensidad.
De pronto un folio grande en forma de tabla con unas letras como si al azar estuviesen puestas, o como si de un jeroglífico a descifrar se tratase, choca contra mi persona. No puedo parar de mirarlo y de intentar analizarlo. Reconozco algunas sustancias que aparecen como el hidrógeno o el carbono, pero no entiendo su relación.
Decido ir a la biblioteca para buscar un libro e informarme de dicho documento. Antes consulto mi teléfono móvil, en el cual recibo un mensaje de “Sabadell”, banco en el que guardo mis ahorros, diciendo: “Banca Catalana No Ofrece Favores ni Negociaciones”. Mi respuesta ante este inesperado mensaje es una cara de asombro. Deduzco que ha debido de ser un error.
Llego a la biblioteca y escojo un libro. Un hombre de unos treinta años se acerca a mí y me da un papel en el que pone: “Busco Al Ganador Inglés de aTletismo, ¿le has visto?
Le respondo con una negación de una manera seca aunque educada, acompañado de una cara confusa.
Salgo de la biblioteca y veo una cafetería con terraza “Mgusta Beber Casi Siempre Barato y Rápido”, este es el ocurrente nombre del local. Me siento en una silla junto a mi consumición y el libro de la biblioteca. Comienzo a pensar en la larga tarde que estaba pasando y en las sospechosas situaciones en las que me había visto envuelto.
Hojeo el libro. Nada interesante, únicamente datos sobre la Tabla Periódica (nombre que adquiere). Resuelvo mi duda y veo que se trata de la composición de los elementos químicos de la naturaleza.
Última página. Última frase: “eScaparon Tios Violentos, Crecieron Monjas Feas Con Ninguna Curva, fin. Esa frase sin sentido… y esas letras en mayúscula… y todo después de darme de frente con la tabla periódica…
En efecto, ahora todo va cogiendo forma, estas letras, estas palabras y estas frases tienen algún tipo de relación con la tabla, pero ¿el qué?
No paro de darle vueltas y observar la tabla. A mi lado hay una chica, con cara de desesperación de unos quince años de edad estudiando biología. Me acerco a ella y le ofrezco mi ayuda, ella la acepta sin pensarlo. Enfurecida me dice: “Ni Por Asomo Sabré Biología”. La miro con ternura. Sí que debe de estar mal para anunciarme eso sin haberme siquiera dicho su nombre. Pienso en la tabla periódica. Pienso en aquella niña. Mi cabeza no deja de dar vueltas.
Una vez finalizo con la chica me siento, miro al cielo y me doy cuenta que ya ha anochecido y que las estrellas brillan en el firmamento.
Entro en la cafetería para abonar mi cuenta y veo a un grupo de hombres nerviosos frente a un plasma. Me acerco y veo lo que me esperaba: un partido de futbol está a punto de comenzar. Espero para ver quién juega, cuando en la gran pantalla aparece: “Fútbol Club Barcelona I Athletic”. ¡Qué partidazo!- pienso. No, otra vez, otra frase con esas misteriosas mayúsculas.
Finalmente decido volver a casa perdiéndome el partido y descansar de tanto movimiento.
Y ahora te toca a ti. Si estás leyendo este relato es porque te topaste con él y ahora te toca continuar con este misterio que yo dejé a medias.
— “Buena suerte” — finalizó leyendo Matías, cuando se encontró un viejo escrito dentro de un libro de la biblioteca.