JULIA

Sin ninguna duda, el océano es y siempre será un mundo poblado de misterios y sucesos inexplicables. Muchas leyendas hablan de sirenas, monstruos oceánicos, La Atlántida… Y aunque muchos piensen que esto no puede ser real, tampoco hay manera de demostrar que no lo sean, porque no conocemos el océano al 100%.
Han sucedido hechos reales que han impactado a las personas acerca del mar. Como aquella extraña interferencia oceánica captada por uno de los micrófonos de la unión soviética de Rusia, a finales de la segunda guerra mundial, la cual describía un grito de origen desconocido, y que bautizaron como “The Bloop”. Aunque tras años de investigación, se dio a saber que este ruido fue provocado por la fractura de un inmenso iceberg. Sin embargo, recientemente, se ha vuelto a captar otro sonido. Este mucho más escandaloso que el anterior. El origen de este nuevo fenómeno al que llamaron “Julia” sigue siendo un misterio ya que, por desgracia, no fue un iceberg el que lo provocó.
Las más espeluznantes teorías dicen que se trata de una monstruosa especie marina, de un tamaño incluso mayor que el megalodonte o la ballena azul.
Una teoría sobre su origen está relacionada con otro misterio oceánico: La llanura abisal. Nunca se ha investigado esta anomalía geográfica, pues ningún submarino ha podido soportar la presión del agua de la parte más profunda del Pacífico.
Sin embargo, un equipo de investigación ha podido construir, al fin, un submarino con la capacidad suficiente para aguantar toda la presión de la llanura abisal.
Relacionan este lugar con “Julia” porque el origen del sonido está cerca de allí.
Puesto que es desconocido para la humanidad, no se sabe con exactitud qué clase de criaturas habitarán ese sitio. Por lo tanto, también habrá biólogos que estudien las nuevas especies halladas, si es que se encuentran algunas. El transporte podía abarcar un total de 1000 personas en su interior.
George acababa de repetir en su cabeza la misma charla que había dado en aquel centro científico. Aún después de todo lo sucedido, nadie imaginó que, en aquel sitio, no un hubiese vida. La llanura abisal estaba completamente deshabitada. Casi como si fuera el espacio exterior: un lugar inhabitable.
Esperaban encontrar infinidad de especies nuevas. Peces, tiburones, medusas gigantes… O incluso un nuevo animal completamente diferente. Pero no fue así.
Tardaron días en atisbar por fin la arena del fondo. Era blanca, como cualquier otra. Pero lo único que distinguía el suelo de todo lo demás eran los focos del submarino, que lograban iluminar aquel abismo oscuro.
La expedición parecía no tener fin. Los pasajeros comenzaban a perder la fe en que encontrarían algo allí abajo. Investigadores, biólogos y científicos se habían apuntado a aquella odisea para hallar nuevos descubrimientos, pero enseguida dudaron de haber hecho lo correcto.
Por fin consiguieron vislumbrar algunas rocas, aparte de la arena. Muchas de ellas eran casi del tamaño de edificios que formaban paredes rocosas que debían esquivar. Tras pasar un laberinto de muros de piedra, llegaron a una pequeña explanada. Cuando las luces del vehículo iluminaron más al frente, muchos de los que estaban atentos, se quedaron sorprendidos.
Ante ellos había siete filas horizontales de piedras. Todas ellas sospechosamente perfectas en cuanto a forma y alineación. Algo no iba bien.
El vehículo se acercó más hacia aquel fenómeno. Fue entonces cuando se dieron cuenta de lo que en realidad era. Muchos comenzaron a gritar, unos de emoción y otros de pánico. Montones de susurros se levantaron por toda la sala de control. Aquel conjunto de piedras rectangulares, era un cementerio. Las rocas eran todas lápidas incrustadas en la arena. Miles de muertos yacían enterrados bajo el agua. Y lo más espeluznante de todo, no eran humanos. No podían serlo. Nadie había llegado hasta allí nunca. Además, estaba deshabitada. ¿Cómo era posible?
-¿Estáis viendo eso?- se escuchó.
-¡Dios mío!- susurró otra persona. La gente comenzó a perder la calma.
-Papá, ¿estás seguro de que son rocas?- le preguntó entonces su hijo, de unos 16 años de edad. Su padre, George, le miró a él, y luego volvió su mirada a las piedras. Tenía razón. No eran lápidas de piedra. Eran metálicas. Robóticas. Se lograban distinguir varios cables.
-¿Qué narices es esto..?- pensó él, asustado. Entonces se dio cuenta de que, en el discurso que había dado para iniciar aquella odisea, la verdadera razón por la que estaban allí abajo… Todo era real. Tenía razón y ahora lo había demostrado. “Julia” existía, pero no era un ser vivo. Aquel irritante sonido extraño, captado hace mucho tiempo, fue en realidad la señal que emitían todas aquellas lápidas juntas. Lo habían conseguido.