La Gran Catástrofe

Acabo de oír ruidos y no puedo pegar ojo. Seguro que ha sido Fran en su ya típica visita al baño en medianoche… Además tengo hambre. No he comido nada durante todo el día, pues ha habido un fallo técnico en toda la base y no podíamos cocinar. Es por eso que papá y yo hemos pasado todo el día de caza. Nuestra base está rodeada por kilómetros de frondoso bosque, donde habitan toda clase de animales y plantas. Salir a cazar es peligroso, pues en el bosque viven humanos infectados, por lo que solemos hacerlo a escondidas. Nunca he visto a ninguno, pero sí los he oído y más de una vez nos han seguido.
Vivo en Base 754, con mi padre y otros miembros. Nunca he conocido ningún lugar fuera de aquí; por eso disfruto tanto las salidas al bosque. La vida es monótona, y sobre todo para una adolescente. Lo único un poco emocionante son los momentos en que los iluminados (humanos infectados) intentan atacar el campamento, aunque saben que no tienen ninguna probabilidad de ganar. Cuando esto pasa, solemos alertarnos por las alarmas, por lo que no nos pillan de sorpresa y al final terminan todos muertos. En los últimos meses los ataques han aumentado, pero no han conseguido su objetivo. Ojalá les pudiera ayudar…
El virus es consecuencia de la llamada Segunda Guerra Fría, entre EEUU y Rusia. Rusia había saboteado un viaje espacial de la NASA, y para vengarse, el gobierno norteamericano expandió el virus EZBIKA en tierra de sus enemigos. Pero la cosa no quedó ahí, pues es tan contagioso que se propagó por los cinco continentes, matando a más del 95% de la población. Los síntomas del virus son variados y terribles: el cuerpo deja de producir melanina y te vuelves completamente pálido (de ahí lo de iluminados), el cerebro empieza a fallar hasta que te quedas loco, te vuelves caníbal… Eso es una de los cometidos de esta base- en nuestros laboratorios buscamos una cura.
Me ha parecido escuchar un grito. ¿Qué estará pasando? No se suele armar mucho jaleo a estas horas de la madrugada. ¡No puede ser otro ataque, no han sonado las alarmas! Creo que he oído a mi padre gritar. Necesita ayuda. Pero no puedo salir. No sin saber que pasa.
Alguien está intentando derrumbar mi puerta. El corazón me va a mil. Casi no puedo ni escribir. Además, no tengo donde esconderme. ¡La están echando abajo!
Me parece haber visto un trozo de su pálido cuerpo. ¡No me lo puedo creer! Parece que ha llegado el fin de mis días. ¡Estoy sufriendo un ataque de pánico! Acaban de abrir la puerta. Se me está acercando uno de ellos, llorando. Y me susurra al oído:
-Padeces esquizofrenia, hija mía.
No entiendo nada.