El parto. El amor verdadero.

Llevaba ya mucho tiempo solo, solo escuchaba voces, casi siempre repetidas, yo espera que alguien me sacara de allí, que alguien me hiciera compañía, pero nada, ya iban unos 100 días y nadie había hecho lo más mínimo por sacarme de allí.
Sobre los 150 días empecé a manifestar mi enfado, para ver si alguien se daba cuenta de que estaba allí y me ayudaba a salir. Para ello empecé a dar patadas, a moverme, pero todo fue en vano, pues nadie hizo nada.
Conforme iba pasando el tiempo, notaba que a mi alrededor los nervios aumentaban, y yo intentaba con más fuerza hacerme notar, cada vez pataleaba más e intentaba moverme más, aunque cada vez me era más difícil, por que el espacio se había reducido considerablemente.
Un día, de repente empezó a moverse todo a mi alrededor, cada cierto tiempo sentía como un terremoto, y a medida que pasaba el tiempo, estos eran más largos y más potentes. Además junto con estos terremotos se oían muchas voces que gritaban “rápido”, “que ya viene”, “deprisa” …
Pronto me di cuenta de que al fin me iban a sacar de allí, que ya no estaría solo nunca más.
Justo al salir, sentí una alegría tan grande que empecé a llorar.
Y de repente... la vi, allí estaba ella, guapísimas y esperándome con los brazos abiertos, allí estaba mi madre.
Cuando me pusieron a su lado, sentí que ella sentía hacia mí el mismo amor que yo sentía hacia ella, y es que es verdad lo que dicen, “el parto es la única cita a ciegas, en la que sabes que conocerás al amor de tu vida”.