Últimos recuerdos

Nada, no sentía nada, y no me refería solo al dolor físico, el hecho de estar conectada a una máquina no era lo que me atormentaba. No sentía nada emocionalmente.
No quería recordar dónde me encontraba, notaba mis ojos pesados y no podía abrirlos, sin embargo, inconscientemente, sabía donde estaba. El pitido constante del monitor cardíaco acompañado del olor inconfundible del ambidente me hacía recordar que me encontraba en un hospital.
Sabía que él se encontraba a mi lado. Se había quedado dormido después de contarme lo que estaba ocurriendo. Sentía su mano cogiendo débilmente la mía mientras que su cabeza estaba apoyada en un lado de la cama. Escuchaba su respiración tranquila, mientras la comparaba con el constante martilleo de mi corazón contra el pecho.
Irónica e inconsciente recordé sus palabras. No podía creer el hecho de que estuviera enferma. No podía creer que tuviera un daño en el cerebro causado por la enfermedad de Alzheimer. No podía creer que esta no fuese la primera vez que me contasen sobre mi enfermedad. No podía creer nada.
Mi cabeza se volvió un lienzo en blanco, creo que entré en un estado de shock, en un pequeño trance, era como si se balanceara la realidad con la imaginación, haciendo que, todos los pensamientos que venían como olas a mi mente se volviera absurdos, incoherentes, vacíos.
Me encontraba presente, es decir, me encontraba en algún sitio que mi mente no lograba procesar, pero realmente yo no estaba, no mentalmente. Me encontraba físicamente inexpresiva, y mentalmente en blanco.
Pensé por un momento que solo era un sueño, aunque más que un sueño se podría catalogar como una pesadilla, una pesadilla de la que me era difícil despertar.
Imaginé que este mal rato duraría poco, que me despertaría y que seguiría con mi vida, así que, intenté tranquilizarme, pero nada funcionó, era como si mi cuerpo no respondiera a mis deseos, a mis órdenes.
Por mi mente pasó rápidamente la posibilidad de que lo que estaba presenciando no fuese un sueño, sino la realidad, la cruel y dura realidad.
Sentía una fuerte presión en el pecho que me impedía respirar, sentía el corazón bombearme con fuerza y la sangre corriendo rápidamente por mis venas. Una extraña sensación invadió mi cuerpo. Sentí un vacío, un vacío hondo en el pecho mientras se mezclaba con una sensación de alivio y paz.
Pude percatarme, a través de mis ojos entreabiertos, de que un montón de gente había aparecido instantáneamente en la habitación, pero lo único que estaba haciendo en ese momento era verlos a todos ellos, sin saber que hacían realmente, sin saber que decían, sin saber nada.
Pude sentir un apretón en mi mano, haciendo que, débilmente, pusiera mi atención en la persona que no se había movido ni un centímetro de la cama. Vi como él se levantaba siendo arrastrado por un par de médicos que anteriormente se encontraban analizando mis constantes. Sus ojos se posaron en los míos y pude ver millones de emociones y pensamientos en ellos, pensamientos que ansiaba rebelarme y que yo deseaba conocer. Aunque no recordase lo vivido a su lado, sabía por la forma en la que me miraba, que era importante para él, y sabía por la forma en la que mi cuerpo se tranquilizaba cuando lo miraba, que algo en mi lo reconocía. Sus labios pronunciaron algo, pero yo no podía escucharle. Sentía como si mi cuerpo me abandonase y cómo me fundía lentamente en la oscuridad.
Y no supe nada más, porque si cabía la posibilidad de que volviese a despertar lo más seguro era que no volviese a recordar.