libre y salvaje

LIBRE Y SALVAJE
En el año 1967, un niño de apenas ocho años, con una melena que parecía una cascada y unos ojos verdes, llamado Adam, estaba haciendo una ruta como turista por el Amazonas con sus padres. Por un despiste de estos, su hijo se perdió en el bosque.
Sus progenitores, dos impresentables, pasaron “treinta y tres” de buscarle y le abandonaron en aquella selva inmensa con frondosos bosques y árboles que se parecían a unos gigantes. No se volvió a saber nada de él.
Un día, una señora de mediana edad, estaba recorriendo el mismo camino que había hecho Adam 11 años antes.
Esta, que era muy intrépida, decidió adentrarse por las penumbras de aquellos bosques. Le pareció haber oído una onomatopeya, no sabía de qué animal venía. Parecía un orangután. Empezó a oír cada vez más y más, ¡era el cuento de nunca acabar!
Consiguió divisar a lo lejos un grupo de monos, pero notó algo raro. Quiso acercarse más para afianzarse de su duda.
Volvieron a pasar los monos, corrían de un lado a otro sin cesar. Esta vez, Brita si pudo darse cuenta de que esa manada estaba forma toda por monos excepto un humano, Adam.
Quiso interactuar con él pero al principio no le hacía caso. Él estaba a lo suyo. Saltando de liana en liana…
Al final, después de un largo rato contemplando su diversión, Adam, se comunicó con ella.
A este se le había olvidado un poco hablar su lengua materna, pero a base de gestos y palabras sueltas, pudieron entenderse. Adam le explicó lo sucedido y la “familia adoptiva” de monos que había encontrado durante los once años que había convivido con ellos. También le comentó algo muy importante para él, había escrito un diario explicando todas sus vivencias, o “locuras selváticas”, como lo llamaba él.
Estuvieron charlando un largo rato, hasta se hicieron amigos. Decidieron que todos los jueves a las 5:35 de la tarde, quedaban en un árbol fijo para verse y contarse aventuras que habían vivido.
Después de un año y medio viéndose día tras día, Brita le propuso visitar las oficinas de una empresa de edición de libros muy importante de la ciudad y contar las fabulosas experiencias que Adam había vivido. Él aceptó.

El jefe de Brita, que era un apasionado de la ciencia y la aventura, quedó sorprendido con las apasionantes historietas que este contaba. Decidió publicar el diario que Adam había escrito.
Adam quiso titularlo como “libre y salvaje” ya que así era como realmente se sentía cuando vivía en la selva. El libro fue un auténtico éxito, incluso llegó a ser uno de los libros más vendidos del año. Todas las cadenas televisivas querían concederle entrevistas, se hizo muy viral, pero a pesar de eso, él en el fondo echaba de menos a su manada o mejor, a su familia. Todos los huecos que tenía libres, no dudaba en ir a visitarles.
La gente le preguntaba sobre todo que cómo pudo aguantar tanto tiempo allí y habituarse en la selva. Él siempre respondía prácticamente lo mismo “El arte de sobrevivir es estar adaptado”.