La molécula atrapada

Mi viaje empezó en el motor de un coche. Mi padre carbono, y mis dos madres, oxígeno y oxígeno, se unieron mediante enlaces covalentes para crearme. Desde que nací, lo único que escuchaba era un ruido ensordecedor y yo me movía mediante una corriente que me arrastraba, sin que pudiera pararme. Notaba que mi cuerpo chocaba contra todas las paredes del tubo metálico por el que viajaba. Hacía muchísimo calor, y la gente que viajaba conmigo parecía divertirse, pero yo estaba aterrado porque no sabía lo que me estaba pasando. Intentaba pedir explicaciones, pero el ruido impedía que me escucharan. A lo lejos, vi una luz que me cegaba. Cuando quise darme cuenta, ya había salido del túnel, y veía como mis amigos se alejaban de mí. Estaba solo. Flotando. En un lugar desconocido. Ahora formo parte de la atmósfera. En mi camino voy conociendo a personas que se presentan como nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, metano, y muchos otros. Son todos muy amables, pero no son como yo. Algunos son más altos, otros más bajos. Algunos son grandes mientras que otros son pequeños. De vez en cuando me encuentro a mis amigos, pero, no muy a menudo, porque nosotros solo formamos el 0.035% de la atmósfera.

Estoy protegido por la capa de ozono, pero eso no es un problema para los rayos solares. Ellos la pueden atravesar y les gusta tanto nuestro planeta que se quieren quedar. A mí me gusta porque me dan calor, pero los rayos solares me perjudican a mí y al planeta. Cada vez hace más y más calor, y me encuentro a mis amigos con mayor frecuencia. Tengo miedo, porque los humanos me echan la culpa a mí del derretimiento de los glaciares, del aumento de la intensidad de las tormentas y de las sequías, pero la verdadera culpa es de los rayos solares, que no se esfuerzan por salir de la atmósfera. A ellos también les gusta la Tierra, pero no entienden los efectos que tienen sobre ella. Yo sigo aquí. Solo. Esperando que alguien me diga lo que debo hacer para impedir esta catástrofe.