¡BANG!

El furgón estaba repleto. En su interior se encontraban ocho de los mejores hombres del cuerpo de policía de Arizona. Cada uno de ellos llevaba; como de costumbre en todas las intervenciones, su equipamiento especial. Tenían una casco en la cabeza, con una visera que les cubría la cara con un cristal oscuro con el que no se les reconocería. En el pecho, un chaleco antibalas, y en las manos un subfusil con balas del calibre 9.

El furgón se detiene, y por la puerta del copiloto sale otro hombre con una indumentaria distinta: unas gafas de sol, y el mismo chaleco antibalas, pero esta vez con una simple pistola en la mano derecha. Sin duda era el que mandaba en esa operación. Se dirige hacia la puerta trasera y la abre, dejando salir a los ocho hombres.

-Ya sabéis el motivo de la operación y no quiero fallos. Llevamos dos meses detrás de él, y no me gustaría que se escapase el actual narcotraficante más buscado de Estados Unidos. A mi señal-.Dice el hombre de las gafas de sol mientras les indica que le sigan.

Ante los ojos del grupo está una pequeña puerta que daría a la gran mansión de Alberto de la Sierra, un conocido narcotraficante. Tyler (el jefe de la operación) empieza a hacer señales de todo tipo a los diferentes hombres del grupo. De repente uno de ellos derriba la puerta y todos entran rápidamente. Delante de ellos, para su fortuna se encuentran a el mismísimo Alberto de la Sierra junto con una acompañante. Los hombres, siempre en guardia, esperan la señal de Tyler. El jefe espera, y tras varios segundos alza su arma y... ¡BANG!

Tyler realiza el movimiento previo al disparo, en el que desliza la `corredera´para así cargar el primer disparo, y puede que el único. La `corredera´ ha montado al `martillo´, sujeto atrás y está listo para después actuar. Entonces arrastra el primer cartucho del cargador y lo mete en la recámara del cañón. La pistola ya está dispuesta para realizar el disparo...

El hombre de las gafas de sol, que llevaba más de dos meses deseando que llegara ese momento aprieta el gatillo. En menos de medio segundo el gatillo desplaza la pequeña pieza en el interior del arma que sujetaba el `martillo´. Permitiendo así la actuación de un muelle situado verticalmente en la empuñadura, que tendiendo a recobrar su situación de equilibrio antes perturbada por la fuerza del `martillo´ vuelve a su posición natural aumentando así su longitud y golpeando al percutor (cuya aguja se encuentra en el interior de la parte de atrás de la `corredera´). Esta aguja golpea la parte trasera del cartucho, provocando su funcionamiento y que la bala salga disparada.

La bala surca el aire con una velocidad que obvia aparentemente por varios segundos la fuerza de rozamiento que provoca el aire sobre ella. El pequeño aunque letal objeto; debido a su gran velocidad, avanza siguiendo una trayectoria aparentemente recta. Hasta que de repente se encuentra un obstáculo, sin duda previsto por el tirador: el cuerpo del narcotraficante.

El proyectil penetra en el cuerpo de la víctima, rompiendo así las tres capas de la piel (epidermis, dermis e hipodermis) y atravesando algunos vasos sanguíneos y otros tantos receptores nerviosos los cuales provocarán durante un instante la sensación de dolor y presión sobre el cuerpo de Alberto de la Sierra. Este cuerpo, reconocido ya por las células que le rodean como extraño, no cesa su avance y perfora la pierna por completo.

La arteria femoral baja desde la cintura hasta el fémur Su objetivo es oxigenar los músculos de la pierna, cuyo diámetro es de 7 milímetros como en cualquier adulto corriente. La bala ha roto el fémur, seccionando la arteria femoral en la trayectoria. Pese a ello el corazón de este hombre de casi dos metros de altura sigue bombeando sangre hacia la pierna derecha dañada, provocando la acumulación de células en el espacio que la bala dejó vacío.

El cuerpo del delincuente empieza a perder sangre, un motivo por el que sin ninguna duda podría haber fallecido. Afortunadamente, el cuerpo posee ciertos mecanismos de defensa ante la rápida pérdida de sangre: primero, el sistema vascular reacciona y evita enviar sangre a las extremidades, centrándose en alimentar a los órganos vitales. Lo que ocurre en el mismo momento en el que uno de los brillantes hombres del cuerpo de policía de Arizona le tapa la herida rápidamente, ya que solo así será posible el correcto desarrollo del proceso anterior.

Los hombres cargan con el herido y se dirigen a toda velocidad hacia el hospital policial más cercano para su posterior juicio y segura entrada el la cárcel, de la que no será muy fácil salir.