Por el bien de todos

Los pasos de Pete deberían perderse entre el ruido seco de los motores y la maquinaria que rodeaba toda la calle. Sin embargo, éstos se oían fuertes y serenos, alertando de su presencia a todos los autómatas con los que se cruzaba.

Se dirigía al Sweet Science Bar, a tomar algo un feliz día de… En realidad, no sabía qué día era.

Sus rítmicos andares le llevaron hasta una puerta de metal inoxidable, adornada con la foto de un importante físico y la representación del átomo de Rutherford. Sonrió abiertamente, era justo lo que esperaba encontrar. Era el mismo patrón en todos los lugares de la ciudad, en todas las monótonas calles de esa horrible ciudad.

Entró. Primero, la incertidumbre. Todos se alarmaron con su presencia, y lo que solía ser un ambiente tranquilo, se tornó tenso. Seguía sonriendo.

Se dirigió hacia una silla en la barra, en el lateral de ésta, observando las estupefactas caras de todos. Vestían ropas prácticas, sintéticas y flexibles, pero elegantes. Él, por el contrario, parecía salido de un videoclip de "Lady Gaga". Su fular rojo, su sombrero de copa y sus ropajes llenos de color y vitalidad resaltaron con la sobriedad del resto.

-Ponme un brandy -dijo de forma directa al autómata encargado de servir-.

El chico dejó su sombrero sobre la barra y sacó papel y lápiz. Observó los cuadros de las paredes. Dibujos técnicos de arquitectura e ingeniería. Se fijó en un dibujo de un aerodeslizador. Los había visto por las calles, todos los niños se desplazaban en ellos. Ya nadie caminaba.

Ignorando las acotaciones y medidas del dibujo original, comenzó a dibujar. No se percató hasta que le pusieron su aguardiente y tuvo que despegar los ojos del folio de que uno de esos caballeros educados que colmaban el bar le estaba observando con disimulo.

-Ese dibujo es incorrecto -dijo el caballero de la barra al percatarse de que Pete le detectó-.

-Ah, ¿sí? -respondió el aludido, desenvainando su característica sonrisa-.

-Sí, las proporciones están mal, si quiere le ayudo.

Pete giró el pedazo de folio y se lo mostró, indicando con el lápiz la trayectoria del vehículo.

- ¿No te da así más sensación de velocidad?

Una breve pausa. El casi mudo ruido de alrededor parecía ceñirse sobre ellos. Todos en el bar les miraban
casi sin quererlo.

-Bueno… No lo sé, pero es incorrecto -repitió aquel joven, de unos 25 años, sin comprender-.

-Peter Poetry -le tendió su mano-.

-X-37 -le respondió, estrechándosela-.

- ¿Eso es un nombre? -rió nuestro protagonista, conociendo de sobra la respuesta-.

-Mi nombre lo olvidé hace mucho, sólo uso mi código de identificación -respondió X-37, perplejo-.

Pete le echó un trago a su copa, sabiendo muy bien que sus movimientos eran puestos en vigía.

- ¿Qué hace un tipo como tú en un barrio como este? -le espetó el joven a Peter, intentando sonar duro,en su jerga -.

-Lo mismo que tú, supongo -levantó la copa y la movió, haciendo tintinar el hielo-.

Las gentes del bar se estremecieron, el movimiento había sido muy rápido.

-No os preocupéis, soy inofensivo -dijo Pete, esta vez mirando a todos-.

Todos disimularon, como si no le hubiesen escuchado. Durante unos minutos el silencio se adueñó del local. Sólo el chico bebiendo y pidiendo más alcohol interrumpían la quietud del ambiente.

-No quiero incomodarte, pero igual estás en mal sitio para ir de ese palo -advirtió X-37-.

-Da igual a donde vaya, todo el mundo parece haberse vuelto loco -el alcohol comenzaba a afectarle-.

La tensión se multiplicó.

-Nadie se ha vuelto loco, solo que hay gente muy anclada en el pasado. -hizo una breve pausa mientras Pete bebía-. Lo siento, creo que he sido descortés.

- ¿Descortés? Eres todo un show, amigo -rió de nuevo, esta vez a carcajadas-.

-Conozco gente como tú, déjame ayudarte -le susurró -. Hay una clínica al norte de Francia. Allí aún son más tolerantes, te ayudarán a adaptarte a como son las cosas ahora.

-No pienso ir a un centro de adoctrinamiento para que salga besándole el culo a una foto de Tesla.

Alguien al fondo del bar escupió su bebida.

-Mira, lo siento, pero no me trago esa patraña del avance por el avance.

-Es por el bien de todos.

-Y una mierda -La voz se le tornaba ebria-. Joder, esto cada vez lo traen más fuerte. Deberán disculparme caballeros, me voy con mi locura a otra parte.

Se levantó y se fue. Después de un silencio y un tiempo de asimilación, todo volvió a la normalidad. En la ciudad todo continuó inmutable.

Lo último que supo X-37 de Pete es que su cara aparecía en los periódicos, había sido arrestado por alterar el orden público.

"Pobre loco", pensó, "no entiende que es por el bien de todos".