Revolución Científica

Era un día diferente en Nekos, uno de los planetas de la Colonia Galáctica del Norte, en el que aparece en primera plana la noticia del siglo “Nekos declara la guerra a Ibbe”. Ibbe era un planeta regido por un hombre muy viejo, en el que la ciencia y la investigación se encuentra en sus metas.
Son momentos difíciles. Él tenía 27 años, era experto en aeronaves y transportes. Ecunda, así se llamaba, fue a cumplir una misión en la Point Peekle, la frontera que divide los dos planetas más importantes de la Colonia del Norte. Luego de ingresar con la aeronave a una de las bases enemigas y robar información sobre las tácticas y armas de guerra de Ibbe, es descubierto. Se sube a su nave y empieza a andar a una velocidad cercana a la de la luz.
Sus perseguidores le están pisando los talones. Y antes de darse cuenta, Ecunda, está acorralado. Está rodeado de aeronaves enemigas, pero a sus espaldas hay un Agujero Negro. Decide enviar los datos a Nekos y a tomar la única salida posible: sumergirse en el Horizonte de Sucesos del Agujero Negro. Antes de que pueda arrepentirse, este lo atrapa. La nave comienza a estirarse hasta casi destruirse. Todo está oscuro. Ecunda siente como la gravedad aumenta y de repente, la nada misma se hace presente. Siente un golpe fuerte en la cabeza y desmaya.
La aeronave ha entrado en un agujero de gusano provocando inestabilidad en el plano espacio-tiempo. Luego todas las leyes de la física se rompen.
Ahora la nave se encuentra a la deriva en el universo. Hasta que encuentra un campo gravitacional emitido por un planeta extraño, por lo que inicia el camino hacia su superficie.
Al cabo de tres días de la colisión, Ecunda despierta. Sale de la nave y observa el mundo que lo rodea.
Una gran estrella irradia al planeta y mira hacia una cobertura verde de autótrofos, un poco más lejos ve lo que parece una residencia humana con cercados a su alrededor, en las que una forma de vida extraña, blanca de manchas negras, se alimenta.
Sus ojos no podían creer lo que veía, estaba en un planeta que tenía, sin duda, vida prehistórica. Pero ¿cómo podía ser posible? Esas formas extrañas de vida se habían extinguido hace más de 1000 años por las consecuencias de la Guerra Nuclear. La Tierra, el planeta donde surgió la especie humana, había sido sede de una Explosión que destruyó el sistema solar y sus planetas. A pesar de todo, hubo sobrevivientes que crearon y fundaron las colonias de Nekos e Ibbe, los primeros planetas en los que la Expansión Humana tuvo protagonismo.
Lo más sorprendente era que el idioma de los nativos se encontraba en sus registros de almacenamiento, en su memoria artificial. Pudo comunicarse con ellos, pero asustados escaparon en una maquina impulsada por combustibles fósiles, predecesora de las burbujas terrestres de grafeno de Nekos.
Comprendió que debía camuflarse entre ellos y desactivó sus sistemas biónicos y aprendió la cultura humana de ese planeta.
Pasaron varios años hasta que pudo entender en la realidad en la que se encontraba: Año 2004, planeta Tierra. Instaló un laboratorio científico, llamado “Un Nuevo Mundo”, que lo hizo millonario con sus “inventos”.
Redescubrió la cura del cáncer y el Grafeno, un material sorprendente, de usos ilimitados. Obtuvo el primero de los Nobel que ganó.
Revolucionó la IA (Inteligencia Artificial) hasta hacerla completamente autónoma y capaz de auto-evolucionarse, pero con la incapacidad de dañar al ser humano y ser completamente invulnerable contra hackers, al poseer una seguridad del futuro.
Renovó los circuitos electrónicos hasta convertirlos en electrónica atómica. Bloqueó el gen de envejecimiento humano y aumento la esperanza de vida de todas las personas.
Estableció una forma de gobierno monárquico, en la que Ecunda era el mandatario. Impulsó la conquista y acondicionamiento de planetas cercanos a la Tierra.
Con todo esto pudo adelantar al ser humano 1000 años en el futuro, la mayor revolución científica de toda la historia. Fue venerado como un dios y luego de 300 años de vida, muere en la guerra que, curiosamente, le declaró Nekos a Ibbe, porque el planeta enemigo consiguió información confidencial sobre sus tácticas y armas de guerra.
Pero, ¿viste que maravilla? No fue magia, fue ciencia.