Retorno

Y ahí estaba, justo lo que estaba buscando. Un día más lo había conseguido, esa tarde el trabajo había dado sus frutos y sonrió mientras sostenía en alto una botella con un huevo en su interior.

Cuando decidió abandonar su trabajo en el laboratorio de la universidad para dedicarse a los talleres infantiles todo el mundo la tomó por loca. Tenía la oportunidad de hacer Ciencia con mayúsculas, de publicar en revistas prestigiosas y acudir a congresos internacionales donde se debatían las ideas más innovadoras en su campo, ¿cómo iba a cambiar eso por pasar tardes enteras jugando con niños? Y sin embargo ella sabía que era lo único que podía hacer si quería sentir que su trabajo tenía algún sentido.

Estaba harta de pasar días y días viendo datos en una pantalla. Harta de reuniones con importantes investigadores que sólo buscaban que los demás besaran el suelo que pisaban para alimentar su monstruoso ego. Harta de perder tiempo rellenando interminables papeles que sabía que no iban a servir para nada. Pero sobre todo estaba harta de ese ambiente de trabajo frío e impersonal, donde una persona únicamente valía tanto como los resultados que produjese y no tenía compañeros sino voraces competidores. No podía evitar sentirse como una gallina que solo valía porque daba huevos. Se levantaba cansada a diario, iba a trabajar desganada y el mal humor le acompañaba dentro y fuera del laboratorio.

Volviendo la vista atrás no podía dejar de pensar en el camino que le había llevado a seguir la carrera investigadora. Y la palabra que le venía a la mente era “asombro”. Durante toda su etapa de formación siempre había sentido asombro por aquello que la rodeaba, se pasaba el día preguntando a los demás y a sí misma el por qué de todo y era poco lo que escapaba a su vista y su curiosidad.
Recordaba cuando de pequeña sus padres le llevaban alguna vez a museos científicos, donde encontraba objetos fascinantes que parecían funcionar por arte de magia. O cuando salían al campo y podía pasar horas viendo nadar a los patos en un río o viendo volar a las aves preguntándose cómo sabían dónde tenían que dirigirse. Sus años en el colegio cuando las ciencias captaron su atención porque, de pronto, todo lo que antes parecía mágico tenía una explicación. Cada nuevo descubrimiento aumentaba su curiosidad y se volvió adicta a la emoción de aprender, de comprender el mundo que le rodeaba y de encontrar sentido a aquello que en principio parecía indescifrable. Y después llegó a la universidad, que le presentó una cantidad inmensa de conocimientos y le abrió las puertas de un futuro prometedor.

Sin embargo los últimos años la emoción se había convertido en tedio y la curiosidad que le había empujado a introducirse en la investigación había desaparecido. La única forma de volver a sentir que su trabajo continuaba teniendo algún valor era volver a sus orígenes. Cambió la universidad por los colegios y a los aburridos investigadores por compañeros que también buscaban reencontrar el amor por la ciencia. Crearon una pequeña empresa dedicada a la divulgación a través del ocio mediante talleres, libros, juegos, excursiones… Y por fin se levantaba por las mañanas deseosa de llegar al trabajo, que ya no era solo una manera de pagar las facturas. Estaba animada, comentaba con sus compañeros las nuevas ideas que se les ocurrían y poco a poco iban saliendo a flote.

Y esa tarde, rodeada de un grupo de niños de unos 8 años, volvió a encontrar a una vez más aquello que daba sentido a su carrera. El brillo de asombro en los ojos infantiles que la miraban como si de una maga se tratase, las manos levantadas que escondían montones de preguntas, y un murmullo general que se esparcía por el aula. ¡Cómo mola!¡Qué chulo!¿Cómo lo has hecho?¿Cómo funciona? Y parecía que volvía a verse a sí misma de niña, cuando todo era nuevo y el mundo se extendía ante ella como un gran enigma por descubrir. En esos momentos se sentía realizada y sabía que, aunque aquello no fuera “ciencia de verdad” y no diera lugar a ningún gran avance, era la mejor forma de conseguir que en el futuro alguno de esos niños encontrara en la ciencia su verdadera pasión.