La Daphnia divertida

Yo vivía tan feliz en una laguna del parque sureste de Madrid. Un día y sin previo aviso vi la imagen de un ser humano que se acercaba al agua, sin pensar, me vi atrapada por un remolino y aparecí dándo vueltas en una especie de tubo largo de cristal, podía ver a través de sus paredes pero tenía poco espacio para moverme. Los ojos negros y profundos de aquel ser humano me miraban tratando de analizarme, pero yo me movía sin parar, salté, rodé, floté, nadè… pero no pude salir. Empezamos un largo viaje y al terminar llegamos a un lugar lleno de instrumentos y equipos que no conocía, de repente el tubo largo se abrió y una corriente me llevó hacia una pequeña y cómoda piscina también de cristal, aquel hombre de ojos negros profundos me llevó hacia un instrumento y bajo una intensa luz me volvió a mirar. Yo desde lejos veía sus ojos pequeñísimos a través de unos binoculares, me hacía cosquillas con un pincel de pelo y yo muy a gusto le di una demostración de mis habilidades de saltadora y nadadora a lo largo y ancho.

Al día siguiente vinieron a verme muchos niños y niñas de un colegio, hablaban de lo divertida que era la ciencia, claramente hablaban de mí, de lo divertida que era, así que les ofrecí mis mejores y espectaculares saltos y movimientos. Decían que me llamaba Daphnia, Daphnia magna, que nombre más bonito, y yo pensando que sólo era una vulgar y común pulga de agua. Decían que provenía del orden de los Cladoceras, aquel nombre sonaba a hombres fuertes y luchadores, pero ¡cómo no lo he sabido hasta ahora! También hablaban de mi ecosistema y mi reproducción, me midieron la cabeza, mi tripa y mis antenas, qué importante me sentía, todos y cada uno de los niños me vieron...una jornada realmente agotadora.

Al final del día, aquel hombre de ojos negros y mirada profunda me volvió a llevar al tubo largo de cristal y de repente y sin cavilaciones en unos cuantas horas de viaje a mi laguna volví. Yo saltaba, nadaba, haciendo de nuevo mi espectáculo, quería seguir siendo la Daphnia divertida, pero los ojos negros no miraron hacia atrás y se alejaron de nuevo desapareciendo tal y como vinieron.

Al regresar de nuevo a lo que era su lugar de siempre, Daphnia se hizo muchas preguntas sobre cosas acerca de su entorno, de todo lo que había escuchado aquel día en la mini piscina de cristal y empezó a explorar y a interesarse por todo a su alrededor. Al cruzarse con los peces los miraba con atención, les contaba las escamas, les miraba la cola, hacía pruebas de cuánto tardaban los caracoles en recorrer un tramo y se fijaba en cómo eran sus conchas, sus tentáculosy sus ojos, aprendió que la rana antes de ser rana pasaba por muchas formas, con cola, con patas..., pasaba los días pensativa llena de preguntas, exploraba en las tardes las profundidades de la laguna, vió y conoció cosas que nunca imaginó, sentía la necesidad de saber más y más cada día y de tener respuestas a todas sus preguntas.

Daphnia ahora entendía muchas cosas, comprendió entonces el significado de ciencia, lo interesante que era y lo mucho que con ella podía aprender, y anhelaba cada día volver a ver aquella figura del ser humano con el que por primera vez conoció lo que era la ciencia y que era fuente de su inspiración.