La Teoría de Nada

Permítanme la licencia de afirmar que, con mayor o menor esfuerzo, con mayor o menor precocidad, todos los grandes científicos pueden recordar ese preciso instante en el que una chispa se encendió en su mente y comenzaron a hilvanar lo que sería el descubrimiento más importante de su carrera. Algunos de estos descubrimientos traerían tecnologías disruptivas, cambiarían el mundo, o incluso harían tambalear la percepción de la vida misma.

Marcos contemplaba embelesado aquella estructura compleja. A simple vista parecía un cúmulo de partículas adheridas unas a otras gracias a la magia de la electricidad estática. Una forma aparentemente arbitraria, pero tan intrincada que no podía ser obra del azar. En aquel preciso momento Marcos encontró la explicación que tantos años llevaban buscando científicos e investigadores de la más alta talla. Aunque el comportamiento macroscópico de la estructura respondiera a las leyes gravitatorias, cuando intentaba aplicar la mecánica cuántica a nivel subatómico no obtenía más que singularidades y sistemas de inecuaciones sin solución. Pese a la poca experiencia de Marcos en la teoría de cuerdas, sabía que las fórmulas de las cuerdas vibrantes explicaban tanto la fuerza de unión de las partículas como la forma de las moléculas, pero nunca se había podido demostrar, puesto que requiere la existencia de varias dimensiones más de las que usted y yo estamos acostumbrados. Pero lo que vio en ese momento fue revelador. La estructura se movió afectada por un soplo suave de viento y describió un giro helicoidal. No le hizo falta ningún acelerador atómico, ni ningún superordenador, ni siquiera papel y pluma. Acababa de ver la partícula que, junto con bosones y taquiones, relacionaría todas las fórmulas y serviría para publicar la teoría unificada. Esta hazaña le permitiría dedicarse a lo que siempre había soñado, le abriría las puertas de las universidades más prestigiosas, le facilitaría encontrar inversores para montar un laboratorio con la tecnología más innovadora, aumentaría sus posibilidades de ganar un premio Nobel, pero sobre todo, mejoraría la vida de la humanidad, pues los avances que permitirá la aplicación de la Teoría del Todo eran inconmensurables. Y todo gracias a la mera observación del movimiento de aquella pequeña estructura compleja.

En ese preciso momento, la madre de Marcos barrió la pelusa delante de sus narices. Marcos quedó perplejo, tardó en reaccionar, pero levantó la cabeza al fin y siguió viendo los dibujos animados. De mayor le gustaría vivir en una piña debajo del mar.