22: Un cuento de cromosomas

Escribo esta carta para descargar mi conciencia y mi responsabilidad. Durante siglos he sobrellevado mi carga con resignación pero ya no puedo más. Desde la noche de los tiempos los cromosomas hemos hecho y deshecho a nuestro antojo, con nuestros caprichos, con nuestras rarezas… pero ahora todos nuestros secretos se conocen.

Varios cientos, quizás miles, de seres humanos, algunos tan conocidos como Watson y Crick, Gamow o Severo Ochoa, otros menos conocidos como Chargaf, Rosalind Franklin o Wilkins y otros muy recientes como Wilmut o los investigadores que han desarrollado el proyecto Genoma, han trabajado durante décadas para descubrir nuestro secreto y lo han conseguido.

Yo soy el cromosoma 22, me han culpabilizado de la esquizofrenia y tengo miedo; yo soy uno de los 46 cromosomas que formamos parte de cada una de los 60.000 millones de células de un ser humano; tengo un cromosoma gemelo y formo parte de una de las 23 parejas presentes en cada célula. Soy pequeñito y procuro pasar desapercibido; no hago mal a nadie (al menos, no lo hago con mala fe) y, sin embargo, me exhiben en los medios como una pieza de caza.

Nuestra vida no es fácil; además de la responsabilidad (se cuenta que a la pareja 24 la echaron porque cometió un fallo y tuvo que integrarse en el genoma de una levadura), está el trabajo constante, 24 horas al día, 365 días al año, sin festivos, ni vacaciones, ni trienios, ni homenajes... Y luego está el stress, la profesión de cromosoma es junto con la de anestesista y profesor la que tiene un mayor grado de infartos y depresiones severas.

Una vez una parte de mí se introdujo en una célula llamada gameto; fueron tiempos difíciles, convulsos, extraños... ; recuerdo con horror como fuimos separados de nuestros hermanos gemelos. Nos dimos cuenta de lo mucho que se echa de menos aquello que parece que nunca se va a perder, aquello que puede llegar a sobrar, molestar, o estorbar de tanto estar junto a nosotros. Pasaron unos días, duda sobre duda, llanto sobre llanto. Hice gran amistad con dos huérfanos como yo: el 13, alias "el gafe", y el 7 que ahora quiere que le llamen “CR7”.

De pronto un día un bullicio sin par se desató. Los receptores no paraban de enviarnos señales de un ataque sin cuartel. Millones de enemigos, muy rápidos, que incansables intentaban romper nuestras defensas y asaltar nuestra fortaleza. Lo intentamos pero los agresores comenzaban a hacer mella en nuestras defensas, el fin estaba cerca. Aún recuerdo el momento en que llegó la última señal: "El enemigo, superada la feroz resistencia, ha franqueado nuestras defensas y se dirige al núcleo de forma imparable". Y el terrible enemigo no fue una cohorte de virus asesinos sino una cuadrilla de cromosomas, tan asustados como nosotros, sudorosos y cansados pero muy viriles. Enseguida comenzaron los flirteos, los juegos, los bailes… las divisiones celulares.

A lo largo de mi vida he vivido multitud de revoluciones pero sin duda hay una que recuerdo especialmente. Es algo que llaman Ingeniería Genética que es una manera muy fina de llamar a una desvergüenza que consiste en toquetear, cortar, pegar, copiar y, en definitiva, desmantelar los cromosomas de cualquiera para, supuestamente, mejorarlos produciendo proteínas, curando enfermedades... Para colmo los seres humanos cada vez que consiguen un éxito se lanzan a patentar dicho descubrimiento con el despreciable fin de conseguir explotar económicamente su logro. Llegan incluso a paralizar investigaciones que podían salvar cientos de vidas humanas.

Lo de las proteínas tiene guasa. Tanto rollo con que somos la clave de la vida pero en realidad nuestra única función consiste en fabricar proteínas; eso sí, muchas, muy distintas, específicas para cada ser vivo y función. Tanto misterio de "Enzimas S.A., con servicio las 24 horas", de copias, de secretos y códigos para llegar a formar una proteína, una simple acumulación de aminoácidos.

A pesar de estar repetido miles de millones de veces me gusta pensar que soy único, quizás por ello empiezo a arrepentirme de lo que estoy haciendo. No sé si esto es un desahogo o sirve para hundirme más en la miseria, quizás soy un cobarde esquirol al que la historia castigará o un libertador heroico. Mucho me temo que mis compañeros no van a saber comprenderme y eso me hace dudar. Yo no quiero causar daño a los míos ni colaborar con el enemigo pero busco lanzar a la luz nuestra terrible situación; quizás de esta carta surja la O.N.G. "cromosomas sin fronteras", una web o la venta de gorras y camisetas con eslóganes como "Yo también soy un cromosoma" o "No me toques los cromosomas".
Si es así habrá valido la pena.
Si no es así, espero encontrar una levadura que me acoja junto con mi gemelo.