El cambio empieza contigo

Son las diez de la noche. En la Universidad, ahora desierta, sólo hay una luz encendida. Es la del despacho del profesor Bennett. Pero no es él quien está dentro, tratando de averiguar por qué el código programado no funciona, sino Alice, su joven doctoranda.
El sonido de sus tripas le recuerda que debería irse a casa, pero ella lo chantajea con una chocolatina, la tercera hoy. Se frota sus enrojecidos ojos mientras mastica frente a la pantalla repleta de símbolos, inecuaciones y loops. Se recuesta en la confortable silla del profesor, para ver si mirándolo desde otra perspectiva, el código le revelará su talón de Aquiles. Mas ese bastardo suyo es demasiado orgulloso para mostrarle sus defectos. Al menos, apoyarse en la silla le ha aliviado un poco la tensión del cuello.
Sin embargo, un segundo después, es sobresaltada por un inesperado visitante:
―¿Dónde está el profesor Bennett? ―pregunta él con angustia.
―¡Por Dios! ¡Qué susto me ha dado! ¿No sabe usted llamar? El profesor está en un congreso en Hawái.
―¡Maldición! ¿Por qué demonios estás en su despacho? ¿Se puede saber quién eres? ¡Me has hecho confundir!
―Disculpe, don «No me molesto en llamar», por si le he importunado su cita imposible con el profesor: ha venido usted en horas no lectivas en un período en el que él no se encuentra. Me temo que tendrá que irse.
―¡No! Tengo que entregar un mensaje muy importante en persona ―dice él desesperado―. ¡Qué desastre! Te lo tendré que delegar a ti ―afirma resignado.
―Está bien, dícteme el mensaje ―dice Alice apiadándose de él―, pero que conste que no soy su secretaria. Luego, envíele un email al profesor y dígale que Alice Rivest tiene su comunicado. ―Coge bolígrafo y papel y se prepara para escribir―. ¿Usted es…?
―Soy una terminal de transmisión cuántica ―dice él, que ante la cara de estupefacción de Alice, aclara―: significa que estoy entrelazado cuánticamente con mi yo del futuro, el cual, una vez descriopreservado, hará de puente entre la élite futurista de científicos y yo.
―¿Perdone? ―responde Alice soltando el bolígrafo.
―Pues que estoy aquí y allí en tiempos distintos. Soy una copia idéntica de mi futuro yo. Gracias a eso, se me puede transmitir información a través de él.
―¿Es un viajero del tiempo? ―dice Alice pensando que de todas maneras, no avanzará su tesis hoy.
―¡No! ¿Es que no me escuchas? A ver… no se transporta energía o materia, se trata de la transmisión de información entre terminales entrelazadas.
―¿Cómo va a ser eso posible? ―pregunta ella, a este punto, curiosa.
―Es una tecnología cuántica única que compromete la noción clásica de tiempo y de espacio, no lo entenderéis hasta dentro de 190 años.
―Pero…
―¡Ahh! ―la interrumpe él―. ¡Estás haciendo cómo J.G. Ballard! Preguntó un montón de detalles a su terminal y al final esta no tuvo tiempo de entregarle el verdadero mensaje.
―¿Ha habido otros como tú?
―¡Por supuesto! Se han hecho otros intentos antes, pero basta de preguntas intranscendentes. Tengo que entregarte el mensaje e ir a criopreservarme. ¿No lo entiendes? Si no llego a tiempo, mi yo del futuro ya no será una copia idéntica de mí, y se colgará la conexión.
―¡No lo entiende usted! ―dice Alice sin saber si creerle o no―. Si no está loco y lo que dice es verdad, podría cambiar el futuro de la humanidad.
―¡Por eso estoy aquí! Pero no lo puedo cambiar yo, lo vas a hacer tú.
―¿Yo? No, yo no soy nadie ―dice ella abrumada.
―No importa, ¡Arthur C. Clarke tampoco era nadie hasta que recibió la visita de su terminal!
―Mire… ―Alice piensa que esto se le está yendo de las manos―. Le puedo decir al profesor que lo haga él, al fin y al cabo, usted quería hablar con él.
―Negativo. Los mensajes de una terminal son demasiado grandes y por eso se almacenan en el inconsciente. Irás accediendo a ellos en su justo momento. Lo siento Alice, pero eres la última esperanza de este mundo.
»Escúchame atentamente: durante años, se pensó que podíamos afrontar nuestros problemas medioambientales con el conocimiento científico. Pero eso no fue suficiente. Incluso con el saber que llegamos a acumular, la gente no reaccionó. Muy pocos hicieron lo que dijeron los científicos, y la Tierra, tal como la conoces, desapareció.
»Las personas no se involucran cuando conocen algo, Alice, lo hacen cuando algo les emociona.
»Te voy a transmitir cómo están forzados a vivir en el futuro los que sobrevivieron. Vas a contar sus historias para cambiar la historia. Vas a saber sus nombres, sueños y miedos. Vas a ver reír, llorar y crecer a tus personajes. Crearás tal obra, que generarás una ola de compasión y empatía que transformará el mundo. Cierra los ojos y despierta, Alice. El cambio empieza contigo.