Sin Límites

Todavía recuerdo aquellos amaneceres que me enseñaba mi padre cuando era niña, él siempre me decía que los mejores amaneceres estaban aquí, en Venus, porque su atmósfera era diferente a la de los demás planetas. También me contaba como en un pasado, solo había personas en la Tierra, personas que más tarde con esfuerzo terraformaron Marte y Venus. Él decía que Marte estaba muerto, y que Venus era como un caldero gigante… me resultaba difícil creerlo, con lo verdes que son, con las playas que tienen y sus vastos océanos repletos de vida.
Mi sueño, como el de la mayoría de los niños, era ser científico, pero solo los mejores podían elegir en el futuro lo que realmente querían hacer. Las mejores Universidades estaban en la Tierra y la Luna, pero para estudiar en ellas tenías que destacar en el Instituto, y para destacar debías ser un genio, pues como todos éramos cyborgs, el aprender memorizando no servía para nada, tú mismo podías aprender 8 idiomas en un nanosegundo descargándotelos en tu cerebro, así pues, en el Instituto se practicaba el razonamiento abstracto.
Por suerte, en mi desarrollo como embrión en la cápsula de embarazo, los ingenieros encontraron varios genes portadores de una inteligencia inusual, que pusieron en mi ADN a petición de mis padres, haciendo de los test del Instituto, un juego de niños para mi.
Pero mi deseo se cumplió años después, y con una beca en una Universidad de la Tierra, tuve que dejar mi familia, mis amigos, y mi querido Venus.
Mientras me formaba como Ingeniero Cuántico en la Universidad de la Tierra, un físico teórico anónimo en la Luna, unificó todas la teorías de la física en una teoría del todo, consiguiendo lo que durante tantos siglos, nadie había conseguido antes. Esto supuso un nuevo enfoque del universo, y la oportunidad de impulsar nuestra tecnología siglos en el futuro.
En lo que tarde en graduarme y sacarme el máster en ingeniería cuántica, unos 2 años aproximadamente, se crearon motores de curvatura, motores antigravitatorios, centrales de fusión nuclear naturales… aquel genio anónimo hizo del siglo XXVII de los más importantes de la humanidad, por fin podíamos salir de nuestro Sistema Solar. Por suerte para mí, esa teoría, predecía con exactitud la física cuántica, lo que suponía que los ingenieros cuánticos podían controlar este exótico campo.
Motivado por esta idea y gracias a mis resultados en el Instituto y la Universidad, pude ingresar en la Universidad más prestigiosa de los 3 planetas, la Universidad de Hiragana, de la Tierra, en investigación y desarrollo de tecnología cuántica. Mi equipo y yo, en 10 años, creamos naves con motores de curvatura, que podían cambiar de forma y color, trajes espaciales de 1 átomo de grosor, y muchos más inventos brillantes, la tecnología cuántica parecía no tener fin.
En 2680 se formó “La Gran Alianza”, que era la unificación de los ejércitos de Marte, Venus y Tierra, para evitar posibles ataques alienígenas.
Un día, “La Gran Alianza” nos encargó el desarrollo de un arma militar que pudiese desintegrar la materia, por una increíble suma de 1.000.000 de BitCoins. Con esa cantidad de dinero, cada uno de los miembros de nuestro equipo podían comprarse 1 planetoide para ellos solos. Sin pensarlo dos veces aceptamos. El desarrollo de esta arma no nos supuso un gran problema con la tecnología cuántica. Tardamos 3 años en concluir el proyecto, y como se nos prometió, “La Gran Alianza” nos otorgó 1.000.000 de BitCoins, casi 91.000 BitCoins para cada integrante del equipo. Bautizamos a nuestro arma militar, “Billy el niño”.
“La Gran Alianza” comenzó a producir naves con tecnología cuántica en masa, y a “Billy el Niño” hasta 5 años después, tener una colosal flota de naves espaciales con motores de curvatura y antigravitacionales, algunas de ellas equipadas con “Billy el Niño”. “La Gran Alianza”, acerca de esta gran flota, anunció que solo deseaban nuestra seguridad y expandir nuestro imperio con la colonización de exoplanetas.
Tiempo después fuimos seleccionados 3 compañeros, por “La Gran Alianza” para reformar “Billy el Niño” en el sistema extrasolar Trappist-1.
La nave tardo unos 30 minutos en moverse de la Tierra a Trappist-1, en esos 30 minutos, la tripulación nos hablaba de que los altos cargos estaban conquistando civilizaciones inteligentes, y en algunos casos, recurriendo a “Billy el Niño”, lo que nos hizo pensar que “La Gran Alianza”, es decir, el ser humano, estaba arrasando planetas enteros para expandir nuestro imperio. Nuestros rumores se confirmaron, cuando a través del cristal de la nave pudimos ver, un planeta de Trappist-1 al rojo vivo, y naves aparentemente alienígenas atacando a las naves de “La Gran Alianza” sin éxito.
Esto significaba un principio de un sinfín, estábamos conquistando La Vía Láctea…
¿Hasta dónde llegarán nuestros principios morales?