virusiolo

Virusiolo había pasado un verano algo agobiante. La convivencia en tan reducido espacio con hermanos, padres, tios, abuelos y de más parentela era cómoda, pero poco emocionante. Las vistas tras el plástico translucido no eran muy nítidas. El calor era insufrible y las expectativas de distracción muy limitadas. Tampoco es que él se quejara, y menos delante de su correcta y encantadora familia, claro que solo convivía con ella, así que eran nulas las posibilidades de queja.
Y un buen día noto una corriente de aire y le llegaron unas palabras que le pusieron en alerta todo su ser:” si supiéramos como viajan”. Ese mismo día no aguanto más la curiosidad y ha riesgo de parecer impertinente intervino en la reunión familiar para preguntar que era viajar. Su tío predilecto le miro orgulloso y comento lo mayor que se había hecho ya Virusiolo, era de consistencia menuda pero ágil, y muy despierto. Ha que pensar en su regalo de cumpleaños, sugirieron sus padres. Virusiolo, alegre por el eco de su afortunada intervención sugirió como posible regalo hacer un viaje. Sus abuela y su madre se removieron incomodas intentando desviar la conversación y recriminando a su padre y tío las ideas que acababan de imbuir al futuro cumpleañero.
El ya no podía pensar en otro regalo mejor, era lo que quería: ver esos ríos rojos, caudalosos, esperar agazapado en escondrijos la vigilancia de los letales blancos. Ver paisajes irreales, de mil colores, tener una agradable temperatura constante, esquivar los posibles submarinos que soltaban venenos capaces de eliminar a familias enteras.
La organización requería del permiso previo para salir de viaje cuando se presentara la ocasión. No era práctica habitual que los miembros más jóvenes partieran, debían fortalecerse mucho antes y desarrollar capacidades que les permitieran la supervivencia en el exterior de su habitad translucido. También es verdad que ni sus hermanos, ni primos mayores estaban dispuestos a semejante aventura, mientras no fuera imprescindible. Si había que salir, porque no aquel que tenia ilusión por ello. El riesgo de perecer en el intento era alto, pero tarde o temprano todos eran evacuados de tan placida existencia y era cuestión de tiempo el hacer o no un viaje de incierto resultado.
No había mucho más que pensar, Virusiolo se colocaría en la puerta y los demás al fondo del habitáculo, así saldría de viaje seguro. Ahora a comer lo más posible y a descansar para llegar muy fuerte y disfrutar. Pero Virusiolo estaba inquieto, repasaba mentalmente todos los consejos: no vayas rápido, descansa, aprovecha a comer todo lo que puedas. Y llego el gran día. Virusiolo en la salida sintió vértigo al subir a velocidad de vértigo y descender igual de rápido. Entro en un caudaloso rio rojo y mareado no se orientaba, estaba flotando y él quería nadar recto, ¿pero hacia donde? Nado y nado a toda velocidad, mientras pasaban ante su vista ríos y ríos rojos, a veces más oscuros, a veces más anchos, otras más estrechos. Y él a toda velocidad avanzaba, sin detenerse, solo nadar y nadar. Encontró montañas gelatinosas, de formas increíbles. A veces rebotaba contra formas duras. Aun no había encontrado a los terribles blancos, nadie le había detenido, ni agredido. No pensaba pararse, quería ver todo, ya comería y descansaría, pero ahora no, era todo tan nuevo y fabuloso que no tenía ni hambre, ni cansancio, solo palpitaba de emoción ante tan fabulosa experiencia.
Tras 48 horas, para Virusiolo alucinantes, sintió que era sacado del paraíso sin previo aviso. Oyó gritos de alegría. Frases exultantes de pasión: doctor, lo hemos conseguido, sabemos cómo viajan, limpian, no perjudican al enfermo, no atacan ninguna zona del enfermo, ni células, ni huesos, solo renuevan, oxigenan y curan. Si curan, curan, se oía decir entre sollozos. Tranquila, doctora, escucho Virusiolo, es solo un caso, positivo, cierto, pero no sabemos aun si es el comportamiento generalizado del anticuerpo. Ha sido intrépido el virus, ágil, de una rapidez inimaginable. Vamos por el buen camino, solo habrá que constatar que ese comportamiento es extrapolable a todas las muestras del laboratorio. Hoy podemos estar felices. ¡Un éxito el experimento, sin duda! Virusiolo entro en el habitáculo y era abrazado y zarandeado por todos sus familiares, la madre sollozaba de emoción, mientras decía que volvía exhausto , pero ya se recuperaría con sus cuidos. El quería explicar que el viaje había sido muy ponderado en el exterior. Le sonaba muy bien que se le considerara intrépido, quería convencer a todos de que eso era lo importante, que así serian todos muy bien valorados. Nada de detenerse a luchar con blancos letales, ni perder tiempo en descansar y comer, solo correr, ver mucho, a gran velocidad. Pero aun nadie escuchaba esas reflexiones, tal vez tuviera que esperar a convencer a su futura descendencia de la manera de actuar en el viaje. Se prometió a sí mismo, que desde luego todos sus hijos serian intrépidos y vivirían la aclamación exterior, no podían perderse esos sonidos de alegría que su comportamiento había desatado. Eso era aun más emocionante que el viaje en sí, y eso, que de por si era maravilloso.