Autorreferencias

María da su paseo diario. La cala está separada del pueblo, al que han venido los últimos seis veranos, desde que nació Jorge, por un rocoso promontorio. En su cima sobrevive una de esas torres de vigilancia costera que prevenía de los ataques de los piratas berberiscos hace unos siglos. Jorge camina delante, agachándose aquí y allí para jugar con los guijarros y las conchas que, numerosos, se entremezclan con la arena. En esta hora tardía, la oscuridad, acompañada por la brisa, se anticipa en la distancia.

Volvía a cavilar sobre la ocurrencia que tuvo el domingo cuando subieron al pico. Es curioso cómo se imbrican en nuestra mente recuerdos, observaciones, ideas, razonamientos... y todos intuimos que esos lugares que calman nuestra ansiedad también son los que catalizan mejor nuestras reflexiones. Y esto le sucedió a María en la silenciosa y adusta cumbre del Peñagolosa. Aunque la biología le escogió, ella, claro está, siempre se sintió atraída por otros aspectos de la ciencia. Sería el documental "Cosmos" de Sagan, allá a medidados de los ochenta, el que marcara sus expectativas y las de tantos otros futuros científicos. María siempre recordaba, del guion de la serie, aquella afirmación de que el ser humano, curioso por entender nuestro entorno y el universo, cuestionándose y buscando explicaciones, representa al cosmos intentando explicarse a sí mismo, quizás por primera vez ¡Cómo le impresionó esa idea! Nuestra búsqueda de respuestas para comprender cómo funciona todo, el conocimiento científico como tarea, son precisamente eso, el universo estudiándose, intentando descifrarse. Esta reflexión, como conocimiento en sí mismo, no está al mismo nivel que el conocimiento científico usual sino que reside en una balda superior, la de la epistemología. Y a María le encanta razonar con diferentes niveles del pensamiento. Toda su vida ha recordado la frase de "Cosmos".

- ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Un pulpo muerto!
María se agachó, cogió un guijarro del suelo y fue separando las largas patas del animal muerto.
- No, es una ofiura ¿Ves? Tiene cinco brazos. Un pulpo tiene ocho.
- ¡Son muy largos! ¿Por qué se ha muerto?
- No lo sé, Jorge.

Pero el Peñagolosa le proporcionó otro hecho que se hallaba escondido en su memoria. Hacía tantos años que no pensaba en la diversión y las cavilaciones que le proporcionó aquel libro sobre Gödel con su afirmación de que no todas las aserciones, sean verdaderas o falsas, son demostrables. Y cómo todo empezaba con el reconocimiento de la existencia de afirmaciones que no podemos decir si son verdaderas o falsas como la paradoja del mentiroso: "Yo miento", si la frase es cierta es falsa y si es falsa es cierta, ¿no? Y...¿cómo era aquello? Sí, el problema residía en la autorreferencia. Estos dilemas surgían en enunciados que se referían a ellos mismos como la frase de la paradoja del mentiroso, es decir, cuando las aseveraciones dicen algo sobre ellas mismas; otra vez la existencia de dos niveles de razonamiento que se referencian entre sí. Uno podría concluir que la autorreferencia puede ser una fuente de incertidumbre.

- ¡Mira mamá! ¡Qué piedra tan bonita! Tan suave y redonda...¡y con un agujero en el medio!
- Sí que es bonita.
- ¿Me la puedo quedar? Se la enseñaré a Jimena.
- Claro. Se la puedes regalar.
- No. La quiero yo.

Quizá la adquisición de conocimiento a través de la ciencia, el universo intentando explicarse a sí mismo como indicaba Sagan, autorrefiriéndose, puede resultar en un sistema insoluble como el de la paradoja del mentiroso. Desasosegante. Pero no lo parece, ¿no?, el método científico nos asegura un proceso de adquisición de saber y la ciencia nos ha hecho claramente progresar. Sin embargo es indudable que la lógica matemática nos dice que la autorreferencia es una fuente de posibles dilemas sobre lo que podemos saber con certeza. Por supuesto que no siempre origina dificultades ya que depende del contenido de la afirmación. Por ejemplo, si digo: "Estoy diciento la verdad", la frase no da lugar a problemas en su interpretación.
Queda la duda. Sólo el pensamiento de que pueda haber una imposibilidad lógica que nos impida descifrar la naturaleza y las leyes de nuestra existencia, a través de la ciencia, es inquietante, perturbador. María no lo entiende. Debe estar soslayando algo básico.

- Jorge, ¿te apetece que mañana volvamos a subir al Peñagolosa?
- ¿Otra vez?
- ¿No te gustó? Se ve todo tan bonito desde allí arriba...
- Sí, vale, pero esta vez cuando lleguemos arriba jugaremos a ver cosas y no te sentarás sin hacer nada todo el rato. Sino no voy.