El reloj astronómico de Praga

Hay varios relojes astronómicos en el mundo, pero ninguno como el de Praga. Su peculiaridad no reside en los complejos mecanismos pendulares y rotatorios que lo componen, sino en aquello que flanquea la esfera central: un conjunto de figuras y motivos que encierran toda una lección vital.

A ambos lados del reloj se muestran cuatro figuras, que representan cuatro aspectos humanos: la vanidad, la avaricia, la muerte y el placer. Abajo, otras cuatro figuras: el filósofo, el ángel, el astrónomo y el cronista. Arriba, coronando el reloj, un gallo dorado.

Cada vez que suena el reloj, la vanidad y la avaricia niegan con la cabeza. La muerte, en cambio, asiente, mientras que el placer simplemente se encoge de hombros. Finalmente, el gallo canta y agita las alas. Las figuras inferiores permanecen inmóviles.

Cada hora que pasa, la muerte nos recuerda que nuestra estancia es temporal, por ello la vanidad y la avaricia son insustanciales y efímeras, mientras que el placer hace más llevadera nuestra estancia. Lo único que resiste, inamovible al paso del tiempo, son las enseñanzas que transmitimos a los demás: la filosofía, las ciencias, la historia. Combinar estos dos aspectos es la clave para una vida en armonía y felicidad.

Toda una lección vital transmitida en el tiempo. Nuestro objetivo debe ser el de hacer un mundo mejor para aquellos que vendrán, pues es lo único que nos quedará hasta el día en que el gallo deje de cantar para siempre.