El vuelo de Dorotea Barnés

Hacía pocos meses que Dorotea había llegado a la ciudad de Northampton, Massachusetts, y estaba completamente fascinada por la ciudad. La tranquilidad que sentía en los amplios parques verdes y el aire fresco que se respiraba en el jardín botánico del Smith College hacían que añorase menos la Residencia de Señoritas de Madrid que entonces dirigía María de Maeztu.

«Estoy encantada en esta ciudad universitaria femenina que con gusto trasplantaría a mi país. Esto es mucho más fácil que la dura competencia que nos vemos obligadas nosotras a mantener. Muchas veces me acuerdo, cuando decía usted en la última conferencia que le oí pronunciar en Miguel Ángel 8, que necesitábamos crearnos una cultura para nosotras; ni mejor ni peor, distinta, femenina. Me parece que esto se aproxima bastante a ese ideal, ¿no cree usted?». Carta de Dorotea Barnés a María de Maeztu desde Smith College, 5 de noviembre de 1929.

A pesar de que su inglés no era del todo fluido, se esforzaba por mejorarlo diariamente acudiendo a clases de fonética y composición. Además, estaba impresionada por el buen ambiente que se contagiaba en la Sección de Espectroscopia donde, gracias a la ayuda de la profesora Mary Louise Foster, había conseguido una beca y una pensión de la Junta para la Ampliación de Estudios para iniciarse en las técnicas de análisis espectral. Por aquel entonces, estaba ensimismada con las propiedades químicas de la cistina, sustancia que forma parte de algunas proteínas constitutivas que podemos hallar en nuestro pelo. El estudio, realizado en colaboración junto a Foster y a la profesora Gladys Anslow, estaba centrado en las propiedades moleculares y estructurales de la cistina mediante distintas técnicas espectroscópicas. Gracias a aquel trabajo obtendría el Título de Máster en Ciencias en junio de 1930. Además, en septiembre de ese mismo año, obtendría una beca para trabajar en el Departamento de Química de la Universidad de Yale, una de las universidades de más difícil acceso para las mujeres, gracias a los informes positivos de la profesora Foster: «Miss Barnés ha mostrado independencia, iniciativa y habilidad; está completamente formada en teoría química y tiene una técnica excelente».

«Esta es una distinción que aquí está muy bien considerada. Yale University es una de las universidades mejor conceptuadas y en las que las mujeres (en este país tan feminista) tenemos una difícil entrada». Carta de Barnés a Gonzalo de la Espada, 15 de abril de 1930.

La beca únicamente cubría los gastos de matrícula y laboratorio, así que tendría que solicitar una prórroga de la pensión a la Junta para la Ampliación de Estudios para conseguir unas 1.800 pesetas adicionales. En la Universidad de Yale, Dorotea realizaría un estudio comparativo de los ácidos nucleicos en ciertas bacterias patógenas bajo la dirección del profesor Coghill en el Sterling Chemistry Laboratory. Además, durante su estancia en Estados Unidos, la joven investigadora, que por aquel entonces contaba con tan solo 25 años, aprovechó para visitar otros Colleges femeninos de New England, así como las Universidades de Harvard y Columbia. Sin lugar a dudas, Dorotea nunca se había sentido tan feliz. Le apasionaba su trabajo y disfrutaba de un ambiente realmente agradable.

«Estoy muy contenta. Se trabaja muy intensamente y en condiciones inmejorables que hacen el trabajo mucho más atractivo, ya interesante de por sí. A pesar de tener fama de no admitir a las mujeres, yo hasta la fecha he encontrado a todos los profesores dispuestos a facilitarme el camino». Carta de Barnés a Gonzalo de la Espada, 24 de noviembre de 1930.

Más tarde, Dorotea regresaría a España en 1932 para trabajar como becaria con Miguel Catalán en la sección de Espectroscopia del Instituto Nacional de Física y Química. Una vez allí, Catalán le encargaría viajar al laboratorio del profesor Fritz Kohlrausch en Graz, Austria, para aprender las entonces nuevas técnicas de la Espectroscopia Raman y que introduciría ella más tarde en España. El profesor Kohlrausch le ayudó a resolver ciertas dudas sobre la aplicación del efecto Raman para la identificación de moléculas que le sería de gran ayuda para publicar el primer trabajo sobre esta técnica en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química ese mismo año. En 1933, la joven química continuaría investigando de forma apasionada la espectroscopia Raman en alcoholes y obtendría la cátedra de Física y Química del Instituto Lope de Vega de Madrid. Ese mismo año también contraería matrimonio y, cuando la guerra civil estalló, Dorotea se vería obligada a exiliarse, junto a su marido y su hija de apenas un año, a Carcassonne, Francia. Estas circunstancias le harían abandonar definitivamente su brillante, precoz y prometedora carrera científica, aunque el matrimonio ya le había alejado previamente de la investigación.

«A mí me retiró de la ciencia mi marido». Dorotea Barnés, 31 de mayo de 1996.