DESTINO DE UN PEQUEÑO COMETA

. Un cometa pequeño y vivaz vagaba errante por el espacio. Su rumbo no estaba definido, pero el rastro luminoso que dejaba a su paso iba marcando un camino.
En su aún breve viaje visitó planetas, conoció satélites, descubrió asteroides, sorteó meteoritos, se fundió con otros cometas que desaparecían de él en forma de polvo… Pero, aunque no se daba cuenta, su vida estaba vacía, se consumía poco a poco y se dejaba llevar por una fuerza extraña que le dirigía hacia una meta desconocida; no sabía si le iba a gustar estar allí, pero no podía frenar su marcha.
Un buen día, una nueva luz apareció en su vida. Era una gran estrella que atrajo al inocente cometa desde el primer momento. Como toda estrella, brillaba con luz propia, pero su brillo era especial, tenía un resplandor que cegaba a todo aquel que se aproximaba a ella.
Como una pequeña chispa incandescente que busca fundirse con el ardiente fuego para no consumirse, el indefenso cometa precipitaba sin remedio hacia el nuevo Sol que alumbraba su vida; intentó resistirse, pero la atracción era demasiado fuerte.
Poco a poco, los dos cuerpos se fueron convirtiendo en uno. El frío del asustado cometa era insignificante ante el ardor de la atrayente estrella, así que pronto no quedó más que un rastro polvoriento de lo que un día fue un alegre cometa que buscaba un sentido a su vida…
Pero, ¿qué final era aquel?, ¿para qué había estado luchando?, ¿para convertirse en partículas diminutas sin ninguna cohesión? No tenía sentido… ¡no era justo!..., pero nadie ha dicho que el mundo sea justo…
Mas, estas micropartículas siguieron avanzando hacia la superficie de la estrella y penetraron en su corazón. Entonces, la estrella empezó a experimentar una serie de reacciones debido al choque entre las partículas y liberó una gran cantidad de energía, mientras crecía hasta convertirse en una gran gigante roja, que terminó explotando formando una espectacular supernova. De esta forma, se liberó de sus capas más externas y se quedó sólo con aquello que llevaba más dentro, lo cual aún hoy sigue comprimiendo en su corazón para evitar que nada pueda arrebatárselo.
Quizá ese fuera el destino del cometa: llegar hasta el corazón de su estrella y hacerla crecer, poco a poco, hasta explotar, consiguiendo que se despojara de sus capas externas, para que los dos corazones quedaran unidos en un pequeño cuerpo oscuro aislado en alguna parte del universo, en el que muchas cosas podrían entrar, pero del que nunca nada podría salir…