TELETRANSPÓRTAME

La progresión lógica estipulaba que primero había que intentarlo con fotones. Lo consiguieron. Continuaron aplicándolo a electrones. También funcionó. Lograrlo con protones y neutrones fue trabajo de rutina. Sin embargo, teletransportar el primer átomo de hidrógeno completo sin afectar su integridad fue un hito científico sin precedentes. Superados los obstáculos materiales había que enfrentarse a los trascendentales. ¿Se podía teletransportar la información codificada en la consciencia? Vida.
La bisabuela Alicia dedicó toda su carrera a esta empresa y, después de ella, cuatro generaciones de Alicias más. Algo similar sucedió en la familia de Bob. Ambas estirpes entrelazadas en un objetivo común. Pero si bien sus antepasados habían comenzado enviándose fotones vacíos de contenido a extremos opuestos del campus, los Alicia y Bob de hoy contaban ya con un dispositivo de comunicación FTL —Faster Than Light— Tierra-Luna. Una plataforma de teletransportación para ser exactos.
No hay especie a la que se puedan atribuir más honores científicos que a los roedores. Han sido pioneros sin alternativa en millones de ensayos científicos a lo largo de la historia pese a su mala consideración por parte de la ciudadanía corriente. Llevaban años yendo y viniendo de una base a otra. Ya estaban preparados para enviar a un primate.
Uno de los aspectos más polémicos en torno al protocolo de teletransportación era que había que destruir inevitablemente al sujeto original; con las numerosas cuestiones de índole filosófico, existencial y moral que esto suscitaba. ¿Existía sufrimiento? ¿Se materializaba el mismo ser o solo una copia imperfecta? Los ratones no eran capaces de contestar, tal vez Charlie pudiera dar más respuestas.
Charlie era un bonobo cuya cuidadora se llamaba Eva. La primera Eva, su bisabuela, había sido hacker, oficio que desapareció tras el auge de la computación cuántica y los sistemas de cifrado inquebrantables. Así que esta Eva supuso el inicio de un nuevo linaje de biólogos evolutivos. Eva adoraba a Charlie: los bonobos eran primates extremadamente sociables e inteligentes.
El trayecto se haría en sentido Luna-Tierra, pues la reconstrucción material sería más segura en el planeta. Una semana antes de la fecha elegida Alicia, Charlie y Eva tomaron un transbordador hacia la base de nuestro satélite.
Nada más alunizar, Eva, que había permanecido durante todo el viaje en silencio abrazando al bonobo, dijo con lágrimas en los ojos:
—Alicia, teletranspórtame a mí.
Ni siquiera se sorprendió, tanto la conocía. En su fuero interno Alicia la envidió, hubiera querido ser ella misma quien diera ese paso.
Fue una de las semanas más lentas que se recuerdan en la historia de la ciencia. Envuelta por la sensación de vértigo de los primeros lanzamientos de las misiones Apolo. El nerviosismo de los días previos a la confirmación de la existencia del bosón de Higgs en el CERN. La fascinación de escuchar por primera vez el sonido de una onda gravitacional en el observatorio LIGO. El día acordado, Alicia estableció desde la Luna una videoconferencia a tiempo real, emitida en abierto, con Bob en la Tierra.
—Comprobemos el ensemble entrelazado compartido, Bob —dijo Alicia concentrada.
—Comprobando —replicó Bob. Los mensajes iban con algún segundo de demora debido al tiempo que necesitan las ondas electromagnéticas para ir y volver a la Luna. Ambos hablaban en su propio código científico mientras ejecutaban comprobaciones en el equipo y tecleaban en sus consolas.
Eva entró en el laboratorio con Charlie de la mano y acompañada por un médico. Alicia percibió su nerviosismo y la tranquilizó asintiendo con una sonrisa. Todo saldría bien, tal era su confianza en la ciencia. Se llevaron a Charlie y entonces Eva se desnudó, pasó por la cámara de esterilización previa a la cápsula y después se tumbó en su interior tratando de mantener la calma mientras la puerta se abatía sobre ella.
Alicia respiró hondo.
—Comienzo el barrido, Bob, te envío los parámetros.
—Recibiendo correctamente. —Unos minutos de silencio más tarde, cuando el planeta se percató de que nadie respiraba, Alicia volvió a intervenir.
—Barrido completo. —Esperó unos segundos más—. Envío de parámetros completo. —Hubo que esperar de nuevo para escuchar a Bob.
—Información recibida. Inicio la materialización.
Los datos acerca de la composición de Eva y todos y cada uno de los estados cuánticos de los átomos de su cuerpo se encontraban almacenados en el ordenador más potente fabricado hasta la fecha. Desde unos grandes tanques empezaban a fluir las cantidades exactas, con precisión atómica, de cada elemento que componía el cuerpo original de la bióloga hacia la cápsula de materialización. Una vez finalizado ese proceso Bob utilizó los datos de barrido de Alicia para hacer el volcado de los estados y reorganizar la materia inyectada para que volviera a ser la Eva que abandonó la Luna minutos atrás.
Durante casi una hora Eva fue y no fue: hasta que se abrió la cápsula.