MARTE, EL PLANETA AÑIL

Quedan 20 minutos para el ensamblaje. Parece que después de 1200 años: volvemos a la Tierra.
Bueno, no exactamente, la Tierra de momento aún es un planeta prohibido. Después de la Gran Guerra, su eje se desestabilizó, las placas tectónicas comenzaron a moverse estrepitosamente, y una gran nube de gases tóxicos enrareció su atmósfera.
Sólo 226 terrícolas pudieron llegar a Marte y crear: nuestro Nuevo Mundo.
Muchos retos tuvieron que sortear. Su primer gran logro: nuestro gran Campo Magnético, nuestro gran protector, generado por una red de satélites geoestacionarios. Gracias a él conseguimos recuperar poco a poco nuestra tenue atmósfera, aumentar la temperatura global y fundir así el hielo de los Polos.
Las plantas crecieron solas. Los terrícolas trajeron decenas de especies vegetales que fueron modificando genéticamente hasta lograr su adaptación. Marte nunca más se volvió a llamar el Planeta Rojo. Ahora rebosa de laderas aceitunadas, bañadas por ríos serpenteantes y mares sosegados. Lo llamamos: el Planeta Añil. El Respeto y la Educación, nuestros iconos.
La Tierra tampoco es ya el planeta Azul. Es el planeta Cetrino. De la Guerra, la Inconsciencia. La lluvia ácida sigue devastadora.
Quedan 5 minutos para el ensamblaje en la Estación Espacial Internacional. Me inquieto.
Cuando la Gran Guerra sucedió, seis astronautas quedaron atrapados allí. No pudimos llevarlos a Marte, pero tampoco podían volver a la Tierra insalubre. Así que decidieron criogenizarse. Introdujeron nitrógeno de la atmósfera y luego lo dejaron enfriar hasta los -196ºC. En realidad, toda la EEI es una cápsula criónica improvisada. No sabemos si podremos recuperarlos con vida.
Aun así, siento una enorme curiosidad. Después de 1200 años, nuestra especie ha evolucionado. La gravedad en Marte es menor que en la Tierra, somos más altos, menos corpulentos, nuestras pupilas más grandes, nuestra piel más pálida, más gruesa. Tenemos los pulmones más eficientes, la vista más aguda.
Comienza el acoplamiento. No cabe error… 3, 2, 1,…
Es mi misión más importante: recuperar algún terrícola con vida.
Primero tenemos que subir la temperatura de la EEI y dejar que el nitrógeno líquido cambie de fase.
Entramos. El vapor espeso impide la visión.
Con las ondas de radar detecto a un astronauta. Lo agarro y lo conduzco hacia mi compañero Estanis21. Cierra la escotilla y lo dirige rápidamente hacia Andrea03 que, uno a uno, los va colocando en cada una de nuestras cápsulas criónicas. Sus vidas pueden depender de la subida de un simple grado centígrado fuera de ellas.
Colocados los seis, procedemos a la descriogenización. Mi corazón palpita. Nos miramos con incertidumbre y, aunque no decimos palabra, sentimos la escarcha en nuestro interior.
Tienen que pasar cuatro minutos para alcanzar una temperatura estable de 36ºC por todas las células del cuerpo.
Los segundos parecen balancearse en el espacio.
Llega el momento…
Los astronautas permanecen quietos, el corazón quieto… nada se mueve en la nave… sólo los segundos siguen meciéndose lentamente…
-¡Una señal en el monitor!… ¡dos!... esperamos sigilosos y ¡hasta cuatro terrícolas dan señales de vida!
El corazón empieza a bombear la sangre, la piel comienza a tomar un tono rosado.
Parece que se mueven ligeramente los dedos del astronauta Alain. Le miro fijamente la mano, intuyo fluir el calor. Miro su rostro, sus párpados quieren abrirse... Veo unos ojos verdes, tímidos. Me mira. No ve bien. Mi corazón se ladea. Quedo inmóvil. Respiro profundamente. Siento frio… curiosidad. Ojos diferentes, labios que empiezan a humedecerse. Parpadeo. Siento aún… más curiosidad.
Ya empieza a verme.
Se acercan mis compañeros. La cápsula de Alain está lista. La abrimos con mucho cuidado. Parece que quiere salir. La sangre aún tiene que bañar todas sus células. Mueve los hombros tímidamente, el tórax, la cabeza. Le doy con mucho cuidado un poco de agua. Empieza a reaccionar. Me mira a los ojos, entumecido… sorprendido… sonríe.
¡Hemos logrado despertar a cuatro de los astronautas!
Tras 72 horas de rehabilitación en las que nos han hecho anonadados cientos de preguntas, recibimos órdenes de la base marciana de regresar. Los segundos comienzan a caer puntuales.
Pero Alain mira el Planeta Cetrino. Firme. Me coge de la mano. Me intriga.
- Ven a la Tierra conmigo. Los indicadores de la EEI muestran señales de recuperación de la atmósfera en los Polos. Hay mucho por hacer ahí.
Cuando le miré a los ojos supe que no dudaría.
Muchos obstáculos nos esperan allí abajo. Pero es tan gran desafío, es tan cautivadora esa mirada, tan sólidas sus intenciones, prohibidas,… mi voluntad se afianza.
El equipo se divide. Cuatro astronautas diferentes, consecuentes, tenemos una nueva misión: recuperar el planeta Cetrino, colonizar la Tierra.
Ahora veo mi nave alejarse hacia el planeta Añil, hacia mi querido Marte de valles suntuosos y lagos aplomados.
Parece que al final sí volvemos a la Tierra.
Y los segundos parecen rodar por el vacío…