La ciencia de la vida.

Son las 8:00 a.m.

Mis ondas de sueño no-REM han cesado gracias a la percepción por parte de mi tímpano y oído interno, de las ondas de sonido que emitía mi reloj despertador repetidamente. Mis músculos palpebrales se han contraído y he abierto los ojos. La intensidad lumínica que entraba por la ventana
[- ¡cuánta candela! - que dirían mis amigos sudamericanos], ha provocado que pestañeara unas cuantas veces. Tras el consabido bostezo, mis piernas han saltado de la cama y aplicando un movimiento lineal continuo, venciendo constantemente el rozamiento ejercido por las zapatillas sobre el suelo de baldosas, he llegado al cuarto de baño.

La sensación térmica experimentada cuando el agua fría ha tocado la piel de mi cuerpo, ha provocado que mis niveles de adrenalina se hayan elevado instantáneamente, provocando que cerebro y cuerpo entraran en un estado de vigilia constante. Con una mejor voluntad de vencer el rozamiento constante que ejerce el desplazarse sobre el suelo, he llegado a la cocina y me he dispuesto a preparar el desayuno, el ansiado aporte de hidratos de carbono, proteínas y grasas que necesitan mis células después de un largo período de ayuno nocturno.

Tras iniciar la filtración de los solutos obtenidos en la molienda de los granos de café, he puesto mi taza favorita, esa que contienen un mensaje de tipo:
"Piensa como un protón, piensa en positivo",
en el microondas. Las ondas electromagnéticas que salían de su magnetrón, han elevado la temperatura de mi leche semidesnatada unos cuantos grados, al provocar una verdadera fiesta molecular en el interior de la matriz lechosa. Mezclados ambos líquidos en diferentes volúmenes y añadida una cucharadita de fructosa, he dado un gran sorbo que ha despertado por completo mi aparato digestivo. Para apaciguar sus ansias, he preparado una tostada, dejando primero que Maillard y su reacción colorean un poco el triste pan blanco y luego, le he añadido un poco de crema de una de las leguminosas menos conocidas, el cacahuete. El primer mordisco ha provocado una verdadera fantasía de sabor detectada entre las miles de papilas gustativas de mi lengua.

Resuelto el tema del ayuno y arreglado el estado entrópico que experimenta mi cocina de buena mañana, me he dispuesto a vestirme y prepararme para ir a trabajar. A pesar de haber pasado ya hace unos días el equinoccio de primavera, el tiempo meteorológico anda un poco loco; isobara va, isobara viene, pero el anticiclón no se mantiene. Gracias al abrigo de lana natural de alpaca,
[¡Qué majas las llamas, no todo era escupir, hombre!], el gorro, la bufanda y los guantes, he conseguido evitar que se me escapara parte de mi calor corporal por conducción mientras esperaba en la parada el autobús urbano. Una vez dentro y gracias el efecto convectivo de la calefacción, he olvidado un poco el ambiente que me rodeaba, mis problemas personales y profesionales, disfrutando únicamente de las maravillosas historias que leo sobre las grandes mujeres de ciencia de la historia en el último libro que pedido en préstamo a la biblioteca, mientras el bus recorre su habitual recorrido y me lleva, sin yo desearlo, a un nuevo día de trabajo en el laboratorio.

¡Y lo que daría yo por quedarme en ese bucle espacio-tiempo que supone la lectura de un buen libro!.

Cómo esto no puede ser y yo no soy el gato de Schrödinger que puede estar en dos estados al mismo tiempo, salgo del autobús al llegar a mi destino. Nada más cruzar la puerta del edificio, un compañero del laboratorio me advierte de los últimos avances con el experimento que nos traemos entre manos y cuya publicación en una revista de alto impacto, puede llevar a que firmemos importantes proyectos internacionales con otros grupos de investigación punteros en nuestro ámbito. Parece que la noticia ha activado un poco mi sistema parasimpático por que de repente he experimentado una taquicardia y excitación importante.

Al final, a pesar de un comienzo de día muy periódico y aburrido, quizás el día se vuelva algo más tangencial e hiperbólico. Quizá todo sea un sueño, quizá aún siga en un sueño en fase REM del que no quiero despertarme jamás.