La Bestia

Mi padre y yo habíamos salido de casa unas horas antes del anochecer para buscar a nuestra yegua, que por mi culpa había quedado suelta. Al caer la noche el frío invernal y la gélida nieve nos cogió por sorpresa, mi padre siguió caminando y yo tras él, siguiendo las huellas que iban dejando sus botas sobre la nieve.

Mi padre se detuvo inesperadamente, tanto que acabe chocando con el, durante unos instantes se quedo inmóvil observando sin hacer el mas mínimo movimiento excepto el leve temblor provocado por el frío y con un sutil gesto con la mano y sin mirarme, me dijo que no me moviese, y así hice. Comenzó a alejarse hasta donde no alcanzaba mi vista, unos instantes después escuche la voz de mi padre diciéndome que fuese con el, y al acercarme siguiendo sus pasos lo vi, allí estaba mi padre de espaldas a mi, sujetando a nuestra yegua, y delante de ellos una gran puerta de madera y hierro que protegía la entrada a un gran y frío castillo. Mi padre decidió que pasásemos allí la noche por temor a que el clima empeorase y no pudiésemos llegar a casa.

Padre llamó un par de veces a la puerta, pero no había nadie. Con un pequeño empujón, mi padre abrió la puerta, las bisagras comenzaron a chirriar de un modo escalofriante, al entrar mi padre, cerró la puerta y ató a la yegua a una columna, él y yo nos quedamos tumbados en la entrada.
Poco después de haberme quedado dormido, el sonido de las herraduras golpeando el suelo de la entrada me despertaron, y vi a mi padre de pie subiendo las grandes escaleras que daban al segundo piso, pero al pisar la ultima escalera del primer tramo, se quedó paralizado, su cara se puso blanca, como si en ese momento la muerte le hubiera quitado el alma. Corrió rápidamente a la entrada y la abrió, desató a la yegua y me subió encima de ella y tras montarse él, decidió marcharse rápidamente de allí, no parecía importarle la tormenta.

Desde aquella noche mi padre vivió atormentado, todas las noches sufría unas terribles pesadillas haciéndole recordar lo que vio en aquel castillo. Tras su muerte encontré unas cartas que guardaba bajo su cama, en ellas describía lo que vio: Hablaba de una pequeña criatura, una especie de bebé de ojos rojos y piel blanca en el se podían apreciar dos pequeños cuernos que salían de su frente, rasgos por los cual mi padre se refería a este ser como Bestia.

Mi padre siempre fue una persona seria y que contase esas historias me extrañaba, por eso decidí volver a aquel lugar.
Tras varias horas caminando, encontré aquel sitio y tras quince años, allí estaba de nuevo, frente a aquella puerta, aunque vista a la luz del día, no parecía la misma. Al entrar vi las escaleras y paso a paso comencé a subir. Al llegar al segundo piso, escuché una voz que venia de las sombras. Era una voz dulce que me decía que no tuviese miedo. Yo le pedí que se mostrase y poco a poco saliendo de entre las sombras, vi una figura humana, era la criatura que había estado atormentando a mi padre.

No me creía lo que estaba viendo: Vi los ojos rojos, la piel blanca, los dos pequeños cuernos y una larga melena castaña, que me dejo sin palabras. Aquella bestia era una niña. En ese momento me sentí muy extraño porque no sentí miedo. En lugar de eso, sentí curiosidad y algo más, por lo que decidí quedarme para saber más de ella. Tendría más o menos mi edad y no tenia nombre. Me contó como había sido su vida. Me dijo que había nacido así y que no podía salir de aquel castillo porque la luz le provocaba mucho dolor.

Aquel día descubrí que aquella criatura no era una bestia maligna, ya que en ella sólo podia ver bondad y belleza, pensé que lo que le ocurría tendría alguna explicación o cura, por eso he decidido quedarme con ella y contaros como empezó nuestra historia y todos los descubrimientos que he hecho para que algún día otro pueda terminarla.