El multiverso de Ana

Inspirar, exhalar…

Brazos arriba, flexionamos hacia abajo, atrás, perro boca abajo, postura del guerrero… Y después de unas cuantas asanas, un poco de meditación para conectar con nosotras mismas, con nuestro interior…
Así durante dos años, cada lunes y miércoles por la mañana, para empezar bien el día.

Hoy estaba siendo bastante productivo. Tanto, que en plena meditación sentí algo muy especial. Los sonidos de la clase parecían alejarse. Los problemas que turbaban mi mente se metieron en cajones imaginarios para tratarlos después, y poder disfrutar de ese momento. Estaba conectando con mi más profundo yo. Posicionaba a mi “yo” dentro del universo. Era más consciente de mi energía y empecé a sentir algo distinto, que no sabía cómo interpretar…

Mi mente empezó a formularse un montón de preguntas que aparecían ante la oscuridad de mis ojos cerrados como mensajes flotantes e interrogaciones de colores.
Sé que no estamos solos. Creo que, ante cada disyuntiva, cada problema, ante cada duda que tengo, genero múltiples posibilidades, infinitas, que pueden tener lugar en otros universos. A su vez, en éstos se forjan nuevas disyuntivas, nuevas dudas, y nuevas e infinitas posibilidades que se bifurcan en otros universos…

No siempre he tomado decisiones basándome en mi felicidad… A veces las he tomado pensando en el bienestar de los demás, por solidaridad o empatía. O para beneplácito de otros, hasta que aprendí a ser más asertiva y no sentirme mal por ello. Otras veces he priorizado las condiciones laborales o económicas. En alguna ocasión me he dejado llevar por impulsos. Y otras veces tomé decisiones por descarte. Incluso malas decisiones.

Intuyo que todas esas “yo” que han elegido las otras opciones, andan por ahí como en universos-burbuja... ¿Podría ser cierta aquella teoría del multiverso de Everett?

Me pregunto si podríamos conectar de alguna manera. ¿Físicamente? No creo… pero ¿no podría transportarse la energía de alguna forma? ¿Intercambiar información? No podía parar de pensar en ello. Por mi cabeza pasaban fórmulas, hipótesis… como si fuese un programa informático funcionando aceleradamente, buscando soluciones a mis planteamientos.

¿Cómo le irá a mi “yo” que decidió no salir con aquel chico? ¿A la Ana que eligió fumar? ¿A la que estudió ciencias? ¿A la que no quiso tener hijos? ¿A la que se fue de aventurera a Londres? ¿A la que sí estrelló el coche cuando no tenía ganas de vivir?...

Sentí una sacudida hípnica, que tensionó mi cuerpo aun manteniendo los ojos cerrados y agudizó mi concentración. Estaba respondiendo a una llamada común de infinitas Anas, que de alguna manera estábamos conectando a la vez. ¿Era eso posible? ¿Estaba preparada?

Mi pulso estaba acelerado. Quería saber más, llegar tan lejos como pudiera…

Me encontraba en un lugar en ninguna parte, brumoso, desconocido. Como si fuese una expedición, empecé a examinar el lugar abriéndome paso entre la niebla, inquieta cual científico a punto de hallar una fórmula, cual pareja a punto de desvelar una infidelidad, cual ladrón a punto de ser descubierto… Temiendo que pase, y a la vez deseándolo para poder terminar con las dudas...

Estaban todas allí. Todas las Anas de todas las posibles opciones de las decisiones de la vida de Ana. De mi vida. De todos los universos. Una fila infinita de Anas. Más gordas, más flacas, alguna con piercings, tatuajes, con pelos de colores, cicatrices en la piel, con ropas muy distintas: elegantes, informales, de sport, góticas, con harapos, sin ropa… (Imagino que sería la que eligió ser naturista…) La fila era interminable y a lo lejos, parecía que nuevas Anas seguían creándose espontáneamente como si de la explosión de palomitas de maíz se tratase.

Si observaba de cerca a cada una, un reflejo en sus pupilas me transportaba a sus mundos, a sus universos, a la realidad de esas Anas. Podía ver cómo era su vida, determinada en base a la decisión que habían tomado, y generadora a su vez de nuevas Anas.

Me fijé en la Ana vestida de harapos. La miré fijamente a los ojos, y me transmitió mucha pena y humildad. Tenía un gran corazón pero alguna decisión la había llevado a ese estado. Ella estaba temblando, casi llorando, helada de frío… Me emocioné.
Olvidé lo que era aquello, olvidé las normas, la teoría… y no pude resistirme a darle un gran abrazo. Olvidé que… ¡Boom!

Los universos no pueden conectar entre sí, que un mínimo roce entre las burbujas generaría un Big Bang dando lugar a un nuevo universo…

Mi cuerpo sintió otra sacudida que esta vez sí me abrió los ojos. Estaba en clase, llorando, aturdida. Mi profesora me vio en shock. Me fui deprisa, reflexionando. Sólo quería salir de allí lo antes posible para irme a casa a investigar…

¿Cuál es la auténtica Ana?

La auténtica Ana, somos todas.