Gozón

Mi hermano es mayor que yo. Estudia en la secundaria. Ayer él estaba leyendo un libro lleno de dibujos. Como me encantan los libros con figuras, lo llevé a mi cuarto mientras él se bañaba. Me escondí debajo de la cama y para ver bien encendí mi linterna roja. Parece que a los demás también les gusta dibujar en los libros. Éste tiene muchos símbolos que no entiendo. Yo también puedo hacer círculos. Para ayudar a mi hermano con la tarea le dibujo un círculo encima de este otro que tiene una bolita.

- ¡Wao! ¡Saltó!

La alumbro para verla bien y crece. Busco la lupa. Ahora si que…. no entiendo nada. En el libro, en la posición que antes estuvo la bolita, se hizo un huequito.

-Hola. ¿Quién eres tú?

-¡Yupi! Dijo entre saltos la pelotica roja, que se movía constantemente.-Soy Gozón.

-¿Un qué?

- Un electrón libre. Tú me liberaste…. ¡Yupi! Ahora puedo hacer lo que quiera.

Sin dejar de saltar de un lado a otro, Gozón no me permitía tocarlo. Cuando por fin lo agarré.

-Ay…

-Ja, ja, ja. Te cogió la corriente. Dijo burlándose Gozón y creció otro poquito.-La energía de la luz y ahora la tuya, me han ayudado a escapar y crecer.

Viendo mi cara de asombro, Gozón no insistió en explicarme. ¿Será que soy muy chiquito para entenderlo?, -¿Y qué hace un elec,… electro… libre?

-No te voy a enredar. Los demás, no sé, pero yo lo que quiero es saltar, hacer piruetas, bailar y divertirme mucho.

-Ah, eso también me gusta a mí. Vamos te voy a llevar a un lugar que está buenísimo para eso. Dije estirando la mano.

-Espera, no me toques si no quieres volver a chillar. Ponte un guante de goma.

Recordé que mi papá tiene un par que usa cuando limpia el jardín. Salí disparado con el libro de Dariel en la mano y se lo puse en el cuarto. Busqué los guantes y regresé corriendo a recoger a Gozón. Él se subió de un salto. Y yo, rápido pero sin prisas, para no llamar la atención, salí al jardín directo a la cama elástica.

-¿Y eso es divertido? Preguntó Gozón sin encontrarle el chiste a la cama.

-¿Qué si sí? Ahora verás. -Lo dejé en la escalera y me subí al aparato. Comencé a saltar con tanta algarabía que era yo el que parecía un gozón.

Pronto éramos dos. Saltando y riendo. Este amigo nuevo es incansable como yo. Cerca de las seis ya estaba aburrido de jugar y tenía tanta hambre que entré a merendar. Gozón me siguió dando brincos. Ahora lo veía más pequeño.

-¿Tú también tienes hambre?

-Bueno, bien me vendría una recarga. Y fue directo a besarse con el tomacorriente.

-¡Cuidado! ¡Eso es muy peligro-so! Le grité en cuanto lo vi, pero ya era tarde.

Sin decir adiós y sin querer, a mi amigo Gozón, se lo llevó la corriente.