PANGEA. TODO AGUA

—¡¡¡Booouuuuuuuuu!!!, ¡¡¡Booouuuuuuuuu!!!, a partir de ahora usaremos el sonido de esta caracola cada vez que queramos reunirnos. Será nuestra señal. Lo leí en una novela de unos chicos que se quedan perdidos en una isla, igual que nosotros—dijo Elena, la más decidida de todos los que habían sobrevivido al accidente.
—Veo que te acabas de proclamar presidenta de la nueva república. ¿Y cómo se va a llamar esta república? —preguntó Eduardo, otro de los supervivientes.
— Le vamos a llamar Pangea—dijo Elena con decisión.
—Me gusta el nombre, todo tierra—pronunció otra de las componentes del grupo, Teresa. Quizá la de mente mas cuadrada, pero amiga de todo el mundo—Por donde miremos se ve "todo agua". Me gusta el nombre.
—No tenemos tiempo que perder— dijo de nuevo Elena, dirigiéndose a todos, que habían acudido al sonido de la caracola—vamos a crear unos ministerios y cada ministerio se encargará de unas labores, y puesto que casi todos los supervivientes somos alumnos de ciencias, todo será más fácil. No nos andaremos por las ramas. Teresa, tú serás ministra de tecnología ya que a ti siempre te ha gustado crear artilugios y demás. Eduardo, tú serás ministro de alimentación, te las tienes que ingeniar para conseguir comida. Seguro que con tus ganas de comer te las ingenias para conseguir comida. Tú, Felipe, serás ministro de la vivienda, te juntas con la ministra de tecnología y preparáis una buena vivienda. Clara, tú, que no eres de ciencias, serás la ministra de relaciones con el exterior, ósea, de intentar comunicarte con cualquiera que pase por aquí, ya sea barco o avión, ¿de acuerdo? Y yo, seré la primera ministra.
—Pero si tú eres de las que te pegas unas "empolladas" impresionantes. ¿A ver qué vas a hacer sin internet? —protestó Irene, que se había quedado sin cargo en el nuevo gobierno.
—Eso es lo que tú te crees, ya me las apañaré. Irene, tú serás mi ayudante—acababa de mitigar una pequeña crisis de gobierno—.
—Pero ¿por dónde empezamos? —dijo Felipe.
—Está muy claro, lo primero es pensar cuál sería el sitio ideal para colocar nuestro refugio. Yo te puedo buscar las condiciones óptimas de sol y sombra, procedencia de los vientos, posibles pasos de insectos y demás bichos. La de Tecnología que te ayude a calcular la altura y a hacer los enganches. Tienen que aguantar el peso de las hojas de palmera y hacer un dispositivo para recoger el agua de lluvia—se veía entusiasmada a Elena.
—Eduardo, ¿tú crees que nos vamos a quedar toda la vida en esta isla, en Pangea? Yo me quiero ir a mi casa—dijo Teresa.
Rápidamente intervino Elena para cortar cualquier momento de incertidumbre, incluso se veía que estaba disfrutando con la situación—Vamos a ver, imaginaros que somos los únicos habitantes del planeta, o de esta isla. Es el momento de hacer las cosas bien. Estoy convencida que vamos a ser capaces de sobrevivir. ¿Nunca habéis hecho dinámicas en clase de qué pasaría si solo sobrevivieran unos cuantos en el planeta? ¿A quién seleccionaríais? Pues yo creo que somos el grupo ideal. Somos gente de Ciencias y por eso el nuevo mundo puede resultar mejor. Usaremos para todo el método científico. ¿Lo recordáis? Vamos a ir proponiendo cosas nuevas y si funcionan, estupendo y si fallan, buscamos otra solución. Con paciencia e ilusión lo conseguiremos.
—Todo esto está muy bien, pero yo tengo mucha hambre y no sé qué podemos comer—dijo Eduardo como ministro de alimentación—.
—He visto unos árboles que tienen unos frutos. Habrá que ver si son comestibles y tienen buen sabor. Pruébalos tú, ministro, y nos dices qué tal. Mejor que los pruebe uno solo y experimentamos—dijo nuevamente la presidenta de la república.
—La profesora de Filosofía siempre nos decía que un mundo sin filósofos no podría funcionar, no sabríamos hacia dónde tirar—dijo uno de los compañeros que no había abierto la boca todavía.
— ¡Menudo rollo la filosofía! ¡Por fin somos libres! ¡Viva la república Pangea, sin filosofía! —dijo Teresa.
—No, creo que todos los conocimientos que tenemos nos pueden hacer falta. Yo propongo comer y después de comer hacemos debates. ¡Atención, nueva ley, Ley del Debate de la Nación, se realizará todos los días después de comer y todos tenemos que hablar y dar nuestra opinión. Sacaremos conclusiones y serán nuestros acuerdos. Será nuestra Constitución. ¡Vamos a comer! —dijo Elena levantándose y animando al resto.
En eso que se acercó Teresa a su lado y en voz baja le preguntó a Elena, — ¿Tú crees que podremos crear un nuevo mundo?
Y Elena le contestó —Si usamos la ciencia como base de este nuevo mundo no tiene porqué haber problemas. Seguro. Confía en la Ciencia.