Ahí y ahora

Cada persona construye su vida a base de decisiones. Hay algunas que tienen más trascendencia que otras, y son esas precisamente las que no hemos de tomar a ligera. Pero al llevar a cabo un balance global, no hay decisiones ni completamente acertadas ni totalmente erróneas, porque no todo es blanco o negro. Y al final, cada experiencia vivida es la que nos convierte en quien somos, como pequeñas piezas que, al juntarse, forman un gran puzzle.
Hace lo que me parece una eternidad, tomé una difícil decisión. Me fui lejos, quizás demasiado lejos, quizás no tanto. Todo depende de con qué ojos se mire. Velé solo por mi bien, y no por el tuyo. Te hice daño, lo sé. También me lo hice a mí, créeme. Pero no fue un adiós, solo un hasta luego, un hasta dentro de no mucho, y cada día menos. Hasta volver a comenzar la cuenta atrás.
Sabes que debía labrarme un futuro, como tú, en menos de lo que piensas, tendrás que hacer también. No me arrepiento, aunque en ocasiones como hoy, no resulta sencillo hacerle frente. Mi lado emocional me dirá a gritos que te he fallado, que soy egoísta por no estar ahí y ahora compartiendo este momento tan importante en tu vida. Mientras que mi lado racional me recordará que, simplemente, no había una manera realista de acompañarte físicamente hoy, por mucho que me pese.
Y no es justo, porque te debo mucho. Tanto, que no puedo expresarlo con palabras. Desde que apareciste, mi vida nunca volvió a ser igual. Dejé de ser quien era, para empezar a transformarme en quien soy ahora. Todo gracias a ti. Has estado en los buenos y en los malos momentos, me has animado cuando me hacía falta, hemos compartido tantas risas y llantos que serían imposibles de contar. Me has escuchado hablar de mil y un tema que para ti no tenían sentido, y en lugar de fingir que me estabas prestando atención, siempre has puesto tus sentidos al 100% para intentar entenderme, y hasta me has sorprendido con más de una pregunta que me ha hecho sudar a la hora de contestarla. Porque tu curiosidad, al igual que la mía, no tiene límites. Y tus ganas de saber rebosan esos grandes ojos azules que te caracterizan.
No me pondré sentimental entrando en detalle de la primera vez que nos vimos, ni nuestro primer viaje, que siguió a muchísimos más, ni a recordar todas esas canciones que hemos cantado, todas esas películas que hemos visto ni todas las veces que nos hemos servido de apoyo mutuo. De sobra lo sabes ya. Solo espero que comprendas, que a veces las elecciones que tomamos nos alejan de dónde deberíamos estar, de dónde queremos estar en realidad. Pero que eso no significa que me olvide de ti. De hecho, me siento la persona más orgullosa de este planeta por tus logros, por ver todo lo que has conseguido. No ha sido fácil, y aún queda mucho camino por andar. Pero no estarás sola. Yo estaré contigo, siempre.
Hace algunos años, en un largo pasillo oscuro y con unas especies de duchas amarillas fluorescentes, un hombre que cambió mi destino, y por ende el tuyo, me dijo que los electrones podían estar en dos sitios a la vez. Y me explicó la paradoja de Schrödinger, esa que te he contado yo a ti un millón de veces, sobre cómo gracias a esa capacidad del electrón de estar en dos lugares simultáneamente, el gato encerrado en la caja estaría vivo y muerto a la vez, mientras nadie la abra y el sistema no colapse a uno de los dos estados. Así que lo único que te pido, es que dejes la caja cerrada. Porque yo seré el electrón, y podré estar aquí y ahí a la vez. Y el gato, semivivo y semimuerto, será el único testigo de nuestro secreto.
Solo me queda darte las gracias, porque eres la única que entiende la relación entre los halógenos y Jason Derulo, entre la pirita y abuelo, entre la perovskita y Sevilla, entre los colorantes y el acento inglés americano, entre las nanopartículas de plata y el cuarto bajo la escalera. Como diría Zara Larsson, This one’s for you. Te mando un abrazo muy fuerte, de esos que nos hacen rodar calle abajo. Y recuerda que estoy contigo aunque no esté. Y que seguiré estando igual de orgullosa decidas lo que decidas, tanto si terminas trabajando para Google, como si eliges ver el mundo a través de un microscopio. Ahora te toca a ti tomar esa decisión que cambiará tu vida.
Siempre podrás contar conmigo. La distancia no podrá con nosotras. Feliz graduación, mi pequeña gran hermana.