amor eterno

AMOR ETERNO
En una pared vertical, al borde del abismo…
Así comienza el relato que mi bisabuelo dejó a mi abuelo, este a mi padre y mi padre al que escribe. Pero antes, abusando de tu paciencia, querido lector, haré una pequeña introducción para el “buen entender” del asunto.
Me llamo Lirón para los amigos, Careto para los conocidos, y para asuntos oficiales y científicos ELIOMIS QUERCINUS.
Gracias a mi bisabuelo, afamado alpinista sin una pizca de vértigo, tenemos relación, desde hace décadas, con una familia vegetal de alto linaje y altura de miras. Esto último lo hago constar, no solo por sus proyectos de futuro, sino por la altitud y la altura en la que viven. La altura que para un humano son cinco metros, para un ratón como yo representan doscientos cincuenta y para una hormiga dos mil quinientos.
BORDEREA CHOUARDII se llama la familia. Familia antiquísima y tan longeva que sus individuos pueden vivir hasta trescientos años. Familia poderosa, los Chouardii tienen una legión de asalariados, que renuevan a menudo, dada su corta vida.
Los trabajadores pertenecen a varias tribus de hormigas especializadas, que ejecutan las labores de polinización y siembra para perpetuar la especie. A cambio de su trabajo la planta les ofrece una sustancia lipídica que las vuelve locas de placer.
Hecha la introducción, pasaré sin más demora, a presentarles el cuento que mi bisabuelo escribió, entre siesta y siesta, en una hoja de abedul.
En una pared vertical, al borde del abismo, las porteadoras transportan frenéticamente su carga de grieta a grieta.
Una porteadora, sudorosa y casi sin aliento, arroja su carga al vacío, levanta la cabeza, y desafiante se encara con el patrón.
-Siempre estuve enamorada de ti, de tus flores, de tu olor, de tus hojas seductoras con forma de corazón. Y ahora… me ignoras, me ninguneas, ¿qué se ha roto entre nosotras, ya no me quieres?
-Claro que no-contesta la Borderea, levantando la voz-tú haces los portes y yo te doy alimento. Nuestra relación es puramente comercial y se basa en la estabilidad de un contrato indefinido.
Una lágrima resbala por la mejilla de la hormiga.
La Borderea más hermosa del peñasco pasa una hoja por su lomo, se acerca, y le susurra al oído.-Tonta, solo estoy disimulando, presiento que hace mucho tiempo que nos observan y además no tenemos prisa.
-Tu tiempo, no es mi tiempo- contesta la hormiga, alejándose cabizbaja y muy despacio.
La veracidad de los hechos aquí relatados está probada sobradamente por la publicación del cuento en la revista de más impacto científico de la Ribagorza “Diálogos Imposibles”.
Decirles también, por no faltar a la verdad, que mi bisabuelo recibió multitud de demandas judiciales de las tres tribus de hormigas ( Lasius Grandis, Lasius Cinereus y Pheidole Pallidula) por atentar contra su intimidad.