Proporcionalidad Inversa

PROPORCIONALIDAD INVERSA
Proporcionalidad Inversa nació una fría pero soleada mañana de invierno. A su madre le pareció la niña más bonita de todo el conjunto de funciones. Aún así, miró con recelo su marca de nacimiento, el extraño tatuaje que adornaba el hombro de todos los niños del reino y que decidiría su destino en la vida. Intentó descifrar el sentido de la sencilla fórmula, y = -1/x , adivinar si dicha marca le conduciría por el sendero de la felicidad, pero no podía, dicho conocimiento estaba totalmente fuera de su alcance. Sólo los matemáticos, esos dioses que habitaban en el Olimpo de los humanos, eran capaces de indagar en las profundidades de la expresión analítica, estudiar sus propiedades y vislumbrar el futuro. Con la ayuda de unas extrañas herramientas a las que ellos llamabas derivadas, podían vaticinar todas las vicisitudes de la vida de las funciones : sus momentos álgidos, sus máximos, y también sus depresiones, sus mínimos, e incluso sus puntos de inflexión. Pero, ¿tenía sentido saberlo? ¿Qué pasaría si el oráculo predecía que dichos puntos singulares no aparecerían?, ¿no sembraría de ese modo, la semilla de la frustración al saber que su hija no conseguiría nunca lo que para otros era dado de forma natural?. Miró de nuevo aquel precioso bebé, dejando que se alejasen sus malos pensamientos y se convenció, ilusa como toda madre, de que con su amor y sus cuidados la protegería de todos los peligros que pudiesen acecharla.
Su infancia fue tranquila. Era una niña formal y obediente que creció sin apenas separarse de su madre, Asíntota Horizontal, durante largo tiempo. Su madre la vigilaba muy de cerca, poniendo límites a su lógica curiosidad infantil, sin dejarle traspasar en ningún momento la frontera de los valores positivos, severa pero cariñosa. Proporcionalidad Inversa era una niña feliz, que con su curvatura esbozaba una seductora media sonrisa que cautivaba a quienes la conocían. Pero nadie puede escapar de su destino. Ella tampoco. Y lo que sobrevino después era inevitable.
En su juventud quiso conocer el mundo, explorar nuevas fronteras, experimentar nuevas sensaciones. Desoyendo sus consejos, se fue alejando cada vez más de su abnegada madre, de la protección que ella deseaba proporcionarle y comenzó un vertiginoso crecimiento hacia lo desconocido. Un crecimiento casi vertical, hacia el infinito, esa fuerza inmensa y desconocida que la atrajo hacia un viaje sin retorno. Ya no había vuelta atrás. Y allí se perdió, en el enigmático e inexplorado infinito, atrapada en un agujero negro o tal vez atravesando un agujero de gusano. Nunca lo supo. O no quiso saberlo. Escondió sus recuerdos en un lugar apartado de su mente al que no quiso volver. Había perdido su continuidad y con ello la posibilidad de integrarse en el selecto club de las funciones Cº(R) y con ello la opción de conocer a las más altas clases sociales de los restrictivos Ck(R). Al menos, aunque aún lo desconocía, tendría el privilegio de presumir de su simetría impar. Sintió un frío polar cuando reapareció en un espacio desconocido para ella, un recinto inundado de valores negativos, un nuevo mundo totalmente extraño y en el que tendría que aprender a vivir.
Había aprendido la lección. Y crecía veloz, intentando recuperar su hogar, su universo conocido, su entorno de valores positivos. Pero sus fuerzas se iban debilitando poco a poco. Ya no era una alegre jovencita, y al dejar atrás el ecuador de su existencia le pesaban las experiencias vividas. Su curvatura también había cambiado, dejando entrever un atisbo de tristeza que ya nunca la abandonaría. Pero era su sino, al que estaba abocada desde el primer instante de su nacimiento. Y lo asumió. Poco a poco fue frenando su rápido ascenso para reencontrarse con su Asíntota, esa madre devota que seguía esperándola fiel, en el mismo lugar, con la esperanza de que volviese a su lado, con la ilusión de acabar sus días juntas, cada vez más próximas, con esa conexión, tranquilidad y paciencia que solo el tiempo nos otorga. Y ya inseparables se sumergieron en la inmensidad del infinito.