fuentes públicas

En los hospitales de la región pirenaica oscense de Benasque se empezaban a recibir casos de enfermos por deformaciones y alteraciones genéticas tanto externas-manos y pies- como internas- daños en órganos vitales
Los equipos médicos trataban de dilucidar si se trataba de un proceso vírico o bacteriano como principal hipótesis. Los análisis bioquímicos daban señales de alarma prácticamente en todos los parámetros analizados.
La región contaba con una central térmica. Los equipos de seguridad y prevención de esta realizaron diversos estudios con el objeto de averiguar si existía alguna relación de causalidad entre los gases emitidos a la atmósfera y las patologías hospitalarias de etíología desconocidas. Se analizaron más de cien compuestos químicos y ninguno resultaba, por su cantidad vertida al espacio exterior, tóxica para la salud pública.
Los afectados presentaban deformaciones por alteraciones genéticas. Sufrían una especie de metamorfosis pasando de ser humano a una especie de monstruo con raciocinio medio humano, medio animal. Sin embargo no parecía que sufrieran dolor.
A todos ellos, de forma preventiva, se les dejó en cuarentena para evitar la propagación de la enfermedad contagiosa que se denominó “metamorfosis”. Adecuaron pabellones anexos a los hospitales donde poder instalar a los enfermos. Algunos eran capaces de comunicarse con sus familiares por teléfono o por Internet. Otros, sin embargo no deletreaban apenas ninguna palabra.
Se buscaba encarecidamente cualquier indicio sospechoso que diera una pista a los investigadores para hallar el origen de la enfermedad. Desde pesticidas, hongos, alimentación en mal estado……
Había transcurrido 48 horas desde la primera víctima mortal y estaban carentes de una hipótesis lógica que les hiciera ponerse en marcha y actuar.
El director de uno de los hospitales de la región, decidió hacer nuevamente un estudio a los afectados para intentar encontrar algún nexo común entre todos ellos y así tener algo por dónde empezar a investigar.
Había pacientes de todas las edades, sexo y estado de salud previo a la enfermedad. No existía, aparentemente, nada que los hiciera estar ante una misma circunstancia.
Sin embargo en las entrevistas se había olvidado una pregunta simple pero de vital importancia: ¿qué tipo de agua habían bebido antes de enfermar?
Se inició de nuevo las entrevistas y esta vez sí. Hubo coincidencias. Todos los enfermos bebieron agua de fuentes naturales procedentes de las montañas pirenaicas. Excepcionalmente, algunos se habían bañado en las pozas de los ríos y cataratas y fueron envenenados por transmineralización. Los hechos ocurrieron en plena época estival.
Aunque era improbable que esta hipótesis pudiera ser importante pues todos dijeron que las fuentes eran potables para el consumo humano, se comenzó la investigación por esta línea.
Se buscaron los cauces de los ríos hasta su nacimiento y se tomaron muestras.
En el laboratorio se halló en el agua, junto a oxígeno e hidrógeno una proporción importante de arsénico además de otros componentes químicos muy parecidos a los que se encuentran en los cigarrillos.
Se trataba de un envenenamiento aleatorio de la población, y en principio parecía ser obra del ser humano y no de nuestra madre, la Naturaleza.
¿Con qué intención, quiénes eran los autores?
En el interior de la tierra, el agua era saludable. El arsénico estaba en la cabecera de los ríos.
Tras realizarse trabajos de excavación en el nacimiento de los ríos se encontraron jaulas con depósitos que vertían líquidos al agua natural. Analizados estos líquidos, se pudo comprobar que llevaban arsénicos y demás componentes tóxicos.
¿Se trataba de un experimento de alguna potencia para probar el armamento químico en caso de contienda armada? De ser así, ¿ podríamos estar antes una nueva guerra fría?
Ya había cinco fallecidos.
Se preguntó a los pacientes menos alterados cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que consumieron el agua de fuente hasta que acudieron al hospital o recibieron asistencia médica, y la cantidad de agua ingerida. La mayoría declaró que no más de dos horas y la cantidad de agua que bebieron variaron mucho, desde un pequeño sorbo hasta un litro de agua contaminada. Esto explicaba los diferentes estadios de la enfermedad en que se encontraban los pacientes. Se les practicaba lavativas de estómago, de piel…. para tratar de desintoxicar sus cuerpos deformados.
Debido al tiempo transcurrido, la policía sospechaba que los delincuentes se encontraban en territorio nacional no muy lejos del lugar de los hechos, pero les seguía faltando a los investigadores, el móvil de los envenenadores. El perfil, dada la extrema crueldad, parecía el de psicópatas en serie. Una persona sola no parecía que pudiera haber colocado todas las jaulas simultáneamente.
Tras la fórmula descubierta, en los laboratorios científicos se trabajó con afán para hallar el antídoto al veneno. Los medios materiales y personales no escasearon. Por el gobierno se declaró el Estado de Alarma.
En cuatro días se obtuvo la vacuna. Las diligencias policíacas continúan.