A CONTRATIEMPO

El tiempo apremia. La noche es fría y yo estoy cansado pero sé que no he de parar.
Ellos me buscan, me acosan con su ruidosa comparsa.
Sé que me queda poco tiempo pero tengo que terminar mi manuscrito y desarmarlos con la tinta de mi pluma. La gente ha de saber, ha de apostar por su futuro lejos de descarnados sermones.
El frío atenaza mis manos y las vuelve torpes. La tenue luz no me permite ver con claridad a estas horas de la noche. Mis ojos cansados insisten en cerrarse pero mi alma los hostiga a continuar.
El sótano es demasiado húmedo pero aquí es el único lugar donde puedo desplegar los utensilios del laboratorio. En la Universidad ya me es imposible seguir investigando. Ellos lo saben y por eso me buscan. A ellos no les interesa el avance, sólo se centran en su ferviente creencia para garantizarse su omnipotente poder.
Dudo en el primer paso. Tiembla el escalpelo en mis manos.
Son ellos los que me han proporcionado este muerto. Lo sé porque es Gerardo López de Eresma, mi profesor, mi mentor, mi mejor amigo y colega. Lo han matado a sangre fría, sin juicio. Lo dejaron en la puerta de la casa de mi madre a modo de advertencia. El dolor que sentí podría haber acabado con la poca serenidad que me queda pero sé que Gerardo me hubiera alentado a continuar.
- ¡Utilízame! Haz de mi fracaso tu éxito.- Me hubiera dicho.
Y aquí estoy yo, abriendo el pecho de mi queridísimo amigo para terminar nuestro estudio sobre la circulación de la sangre en el cuerpo humano.
Su corazón ya no late y las lágrimas empañan mi ánimo. Podría mentirme y pensar que estoy estudiando un órgano deshumanizado, pero no puedo resistirme a pensar que este corazón ha latido con pasión, ha sentido dolor ante la injusticia o se ha estremecido ante la belleza humana.
No puedo permitirme este tipo de pensamientos. Tengo que seguir por él, por mí, por mis coetáneos y por el progreso. Sé que no soy el único. Somos muchos los que intentamos descifrar la maquinaria del cuerpo, cómo funcionamos. Estamos muy cerca de concluir con éxito nuestros estudios. Lo lograremos aunque tengamos que correr riesgos. Es duro pero será gratificante al final. Todo saldrá a la luz y el mundo tendrá que saber que hay algo más allá de la única fe. Y eso es lo que ellos temen.
Ellos son los que han provocado la debacle. Ellos nos quieren sesgar la esperanza. Ellos, que con su único pensamiento, asolan los campos de la razón. Ellos, que promulgan valores de la moral para su propio beneficio. Adoctrinan con zafias mentiras al vulgo inocente. ! Los maldigo! ¡Los maldigo por su mala fe! ¡Por su egoísmo imprudente!
Si al menos mi estudio fuera a parar a buenas manos. Si supiera que con nuestro sacrificio el mundo pudiera tomar mejor rumbo.
¡Quieto! ¡Silencio! oigo voces al final de la calle. Ya están tomando la entrada al callejón. Ya deben saber dónde me hallo. ¡No, ahora no! ¡Me falta tan poco!
Bajan las escaleras que lleva a la puerta de mi estudio. Parecen muchos. Sus pisadas resuenan como caballos de batalla galopando hacia el combate.
Siento que mi vida va a expirar. Tengo miedo. Ya están aquí Gerardo. No nos van a dar más tiempo. No tengo escapatoria amigo. Mi vida acabará a tu lado. No pienso dejar que me expongan ni que me humillen con sus juicios moralistas. No podría ver como nuestro trabajo es denostado bajo ojos aviesos que no saben de verdades ni de progreso. Sé que nuestro trabajo saldrá a la luz cuando la gente esté preparada. Cuando los gobernantes tengan el suficiente conocimiento para separar lo humano de lo divino. Cuando las personas sepan salir de esta vacía oscuridad.
- ¡Doctor Álvaro Gutiérrez de Toro, abra la puerta al comisario del Tribunal de la Santa Inquisición!