Purple Rain

La peor parte de mi trabajo sucedía cada vez que tenía que ir al animalario y elegir uno de los animales que había que sacrificar para desarrollar nuestros experimentos. Por lo demás, adoraba lo que hacía tanto como la música. Aquel día, como de costumbre, me quedé la última en el laboratorio. Me gustaba esa sensación de estar sola en un edificio tan grande. Aprovechaba para poner un poco de música, esta vez sonaba Purple Rain de Prince. Recordaba que ya había pasado un año desde que nos dejó y me hizo pensar en tantas estrellas que se fueron tan pronto muriendo en condiciones extrañas. Tras terminar la canción apagué el ordenador y revisé como cada noche que los equipos estuvieran apagados, además esa tarde tenía que ir al animalario a comprobar que uno de los lémures que íbamos a sacrificar al día siguiente estaba bien. El malestar de nuevo me invadió al dejarlos allí encerrados, tenía que repetirme como siempre que era por un bien mayor. Estaba trabajando en un proyecto de Transferencia nuclear de células somáticas en el Instituto de Roslin en Edimburgo. Desde que consiguieron clonar a la oveja Dolly, hace más de 20 años, no habían parado de realizar clones con todo tipo de animales y yo estaba empezando las investigaciones con lémures.
Apagué la última luz del gran hall del edificio y me disponía a marcar el código de salida cuando noté una presencia, alguien o algo se aproximó y se abalanzó sobre mí. Y eso es todo lo que recuerdo de mi vida pasada.
La siguiente vez que abrí los ojos estaba tumbada sobre una camilla. A ambos lados estaban dos mujeres vestidas con un peto plateado ceñido por un cinturón metálico. Enseguida se acercaron las dos y una de ellas me cogió de la mano y me dijo:
–No esté nerviosa, todo va a ir bien. Pronto entenderá por qué está aquí. Cuando se encuentre mejor le explicaré las razones.
–Por favor, dígame –le dije con voz temblorosa al mismo tiempo que mi corazón palpitaba más rápido que nunca.
–Está bien –dijo de nuevo–. Le explicaré lo que ha ocurrido con su vida. Estas son las razones:
«Desde hace más de 50 años la empresa Virgin Galáctica lleva desarrollando un experimento de clonación humana. Un proyecto absolutamente clandestino. Solo las personas con un alto poder adquisitivo pueden acceder a este servicio. El contrato consiste en simularles una muerte ficticia y los traemos a una de nuestras plataformas satélite. Realizamos su clonación y en todo el proceso pasan a perder su vida como humanos para tener una vida eterna como clones».
–¿Pero qué tengo que ver yo con todo esto? –les dije.
La otra mujer me contestó:
–Por suerte o desgracia ha sido elegida. Eventualmente escogemos a personas que puedan colaborar en nuestro proyecto. Usted ha sido elegida por sus dotes experimentales y estamos convencidos que va a ser una gran aportación a este proyecto. Le ofrecemos gratuitamente la vida eterna a cambio de colaborar en nuestros laboratorios. Podrá regresar a la Tierra en sus vacaciones pero con otra identidad, ya que para sus familiares y amigos usted ya murió en el hall del Instituto de Edimburgo de una parada cardiaca. Lo sentimos mucho.
No podía creer lo que me estaba diciendo. Estaba muerta. Bueno, ficticiamente muerta. Una de ellas se dirigió a mí de nuevo:
–Tendrá tiempo de hacerse a la idea, vamos a dejarla sola un rato y cuando esté preparada salga por la puerta; que al otro lado le espera una recepción y parte de los clones que quieren saludarla y explicársele mejor.
Salieron de la habitación, me incorporé de la cama y fui hacia una de las ventanas. Al mirar hacia fuera pude ver a lo lejos el planeta Tierra. Una asombrosa sensación me invadió y me sentí más tranquila. Estuve un rato absorta mirando el espacio más cercano. Esto debía de ser un sueño y pronto iba a despertar. No sé el tiempo que pasó y al comprobar que no despertaba decidí salir por la puerta. Nada más abrirla observé como una gran fiesta, toda la gente con petos plateados y cinturones de diferentes colores, mesas llena de aperitivos y bebidas, música…
El primer rostro conocido que se me acerco fue Prince, ni más ni menos.
–¡Hola! Pensaron que le gustaría que viniera a saludarle primero. Yo llevo un año siendo clon y le aseguro que estoy muy bien. Mire, aquí están también Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison...
No podía creerlo; apenas podía pronunciar palabra. Justo cerca de nuestro corrillo Diana de Gales y Dodi estaban sentados en una mesa conversando. Dejé de escuchar sus voces y me centré en la canción que sonaba en la sala. Purple Rain…