LA CUEVA

Ángel, experto senderista, quiere hacer una ruta por un cañón que discurre entre Tarancueña y Caracena, dos localidades de Guadalajara, próximas a la sierra de la Pela.

Pasada Tarancueña, hay que tomar una pista que, poco a poco, se reduce a un senderillo que discurre pegado al río Caracena.

Y Ángel inicia el camino ilusionado, pero con una extraña sensación de que se va a encontrar con situaciones desconocidas, pero excitantes.

A medida que camina, comprueba que se va introduciendo en un amplio cañón de soledad brutal, con impresionantes farallones verticales, coronados por hileras de buitres leonados que le van acompañando con su majestuosos vuelos, como marcando su territorio.

A una hora y media del inicio se encuentra en mitad del cañón con una estructura rocosa, de textura caliza, que tiene la forma de dos tetas. La pasa con alguna dificultad y continúa su camino.

Y lo hace descubriendo que aquí empieza el tramo más bello del cañón, cuyas paredes desnudas se juntan, repliegan y caen a plomo sobre el río, como tratando de estrangularlo.

Después de vadear el rio varias veces, el cañón se ensancha en una fresca chopera que Ángel aprovecha para reponer fuerzas y, tras encontrar asiento a la sombre de un hermoso chopo, procede a degustar un sabroso bocadillo, con una cerveza, algo fresca todavía.

Saciado el apetito, se acomoda contra el tronco del árbol y se queda somnoliento a la espera de reanudar el camino, cuando, de repente, oye una voz, nítida, como un susurro:
- ¡¡Ángeeeel!!
Pega un salto y se queda mirando por todos lados para tratar de descubrir quién le ha llamado.
- ¡¡Ángeeeeel!!, vuelve a oír.

Y descubre que la voz sale de una cueva que hay en unas rocas a su derecha, semioculta por unos matorrales, y que no había visto.

Dirige sus pasos –vacilantes- hacia la misma. Llega ante ella; se queda quieto, temeroso, con cautela. Enciende el frontal que siempre lleva; avanza unos pasos, se mantiene en la penumbra de la boca de la cueva esperando a que sus ojos se hagan a la oscuridad. Cuando logra ver algo, avanza y…….¡¡se encuentra ante una galería inmensa, repleta de formaciones rocosas!!

Avanzando despacio descubre gran cantidad de estalactitas y estalagmitas, con múltiples y espectaculares formas, estalactitas que gotean, produciendo charcos. Además, detecta la presencia de musgos, algas, helechos, varios tipos de gusanos. Todo ello gracias a una extraña claridad que ilumina la cueva.

En esa claridad, descubre que hay también multitud de minerales, de variadas formas y colores. Uno de ellos le llama poderosamente la atención. Es de forma prismática, hexagonal. Lo que más le atrae es cómo se descompone la luz al atravesarlo, pues no es el típico arco iris por todos conocidos, sino que es un rayo blanco, blanquísimo, que le hipnotiza, le envuelve y le hace perder la noción del tiempo en su contemplación.

Y es frío, muy frío, ¡¡le está dejando las manos heladas!!

Camina despacio, absorto en la contemplación del mineral. No ve un hueco en el suelo y ¡¡zas, se precipita por él!!

¡¡Mierda!!, exclama asustado, tratando de agarrarse al aire. Pero ¡¡cae, cae, cae cada vez más rápido!! notando un vacío a su alrededor, hasta que choca contra algo duro, y pierde el conocimiento.

Intenta abrir los ojos; le cuesta. Parpadea varias veces.
- ¿Dónde estoy?-se pregunta con un hilo de voz. Trata de ver lo que hay a su alrededor.
Poco a poco se va aclarando su visión. Ve luces, muchas luces, reflejos irisados, como cuando la luz atraviesa cristales.
Concentra su oído para tratar de percibir sonidos. Sólo oye un murmullo parecido al correr del agua en un arroyo. Y, se siente húmedo, mojado.
Trata de tocarse el cuerpo…¡¡y no puede, no tiene manos!!
- Dios mío, gime, ¿qué me ha pasado, dónde estoy?

De repente, por su derecha, oye un
- Hola, ¿cómo estás?
Gira sus ojos rápidamente hacia el lugar de donde vino la voz y descubre una estalactita, con un rostro impreso en ella, que le habla.
- Dios mío, ¿qué es esto, qué me está ocurriendo?
Nuevas voces se suman a la anterior.
- ¡¡Hola!!-, por su derecha.
- ¡¡Hola, bienvenido!!-, por su izquierda.
Detrás de él oye
- ¡¡Otro que ha caído, ya somos varios!!

Cielos, ahora lo ve claro, ahora lo entiende, un sudor frío le recorre por todo ¿su cuerpo?…..¡¡¡¡¡ ME HE CONVERTIDO EN UNA ESTALACTITA !!!!!

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Se despierta de un salto, sudoroso, demacrado, agitado.
- ¡¡¡ Ha sido un sueño, ha sido un sueño!!!-, exclama todavía tembloroso, con el corazón latiéndole a cien por hora.
Se recuesta sobre el colchón, mirando el techo, respirando entrecortadamente, y se queda otra vez dormido, plácidamente.

Sólo ha sido un sueño; eso, UN SUEÑO.


Autor: PESARVI