TODO NO SIGUE IGUAL

El sol vespertino calienta la tarde al iluminar el tranquilo parque con un beso ocre y ámbar. Todo parece normal cuando, de repente, por una fracción muy pequeña de segundo, gente, animales y cosas cambian de una forma sutil, no perceptible: el niño llega un poquito más alto con su columpio, el abuelo está algo más cerca de las palomas que alimenta, el vendedor de periódicos tiene un quiosco más amplio, los niños que juegan en el cajón de arena consiguen un montón más alto. Por si fuese poco, los enamorados que se besan dan un beso más largo, los chiquillos que se persiguen se atrapan más pronto de lo esperado, y el canto de los pájaros es más sostenido. Se ha producido, de nuevo, un momento excepcional dentro del universo, algo maravilloso pero invisible para los enamorados, el abuelo, el quiosquero, los niños y los pájaros. Una magia minúscula que tan sólo a través de los ojos de la ciencia se puede percibir. Cuando la onda gravitacional pasa, el mundo parece seguir igual, al menos hasta la siguiente ondulación del espacio y del tiempo.