Evolución

El cambio que portaba era sutil pero trascendente, y la prueba la tenía ante sí, en las vastas tierras que acababa de conquistar en la sabana.

No sabía muy bien cuál era la causa de que destacase sobre todos los demás: unos pocos centímetros más alto, unos reflejos ligeramente más rápidos, un grado mayor de soberbia que le facilitaba llegar siempre un poco más lejos que el resto.

Sea como fuere, siempre apuntó maneras. De joven, cuando fue expulsado del clan, y pese a que su madre le intentó explicar que era el orden natural de las cosas, se enfrentó a su padre para evitarlo. Éste, una inmensa y vieja gloria de carácter osco, pagó su atrevimiento con una paliza que lo dejó medio muerto y abandonado a las lindes del territorio. Reflexivo recordaba, ahora, con añoranza y también con orgullo, aquella época y aquel combate, pues a pesar de la diferencia de tamaño y poder, dejó bastante maltrecho a su rudo y hasta aquel momento paciente padre.

Imágenes de su pasado, no tan lejano, se dibujaban en su mente, a medida que recorría con la mirada sus nuevas tierras: Como cuando, después de recuperarse de sus heridas, se unió a un grupo de solteros y se postuló como líder de forma casi automática. Su capacidad para el liderazgo fue percibida de forma instintiva por todos los miembros del grupo… y no defraudó: localizó las mejores presas, coordinó las mejores batidas, lideró la resistencia frente a los intrusos de los territorios de caza. Pese a su juventud, cada vez era más difícil marcarlo con una cicatriz… y éstas cada vez eran más superficiales. Estaba claro que con él había nacido una nueva casta.

Y lo había vuelto a demostrar. Abandonado el grupo de solteros, no se dedicó a buscar un viejo macho que se encontrase en el ocaso de su reinado, derrocarlo fácilmente, y apoderarse de su harén y sus tierras de caza. Estuvo vagando durante largo tiempo hasta encontrar al rival más inalcanzable, un ejemplar en el cenit de su reinado, tanto o más poderoso que su legendario padre, y sin rival en apariencia…

Había vencido y conquistado… sin pasión había acabado con la progenie de su contrincante (era el orden natural de las cosas) y ahora disponía de un vasto territorio, de un fértil harén que le permitiría crear una nueva estirpe, una nueva saga, más fuerte, más preparada, más apta…

Con estos pensamientos decidió bajar del atalaya desde la que contemplaba su reino. A grandes saltos llegó al suelo de la planicie, en ese momento, un chasquido seco le hizo mirar hacia arriba justo cuando una gran rama se desplomaba sobre él, como el brazo de un gigante derrotado en la arena por el tiempo. Aplastado por el gran peso, vislumbró desesperadamente el final de la saga, la nueva especie se desvanecía poco a poco con cada suspiro con el que el león intentaba aferrarse a la vida…

Hacía tiempo que los restos del gran árbol formaban parte anónima del paisaje. Hacía tiempo que sus semillas habían dejado de ser dispersadas por el viento para colonizar nuevos hábitats sin garantía alguna. Hacía tiempo que su estructura languidecía y se desmoronaba poco a poco. Y ahora, un trueno anunciaba tormenta, en breve la lluvia mojaría de nuevo su estructura muerta…