Portazo dimensional

Los últimos meses habían sido agónicos en el recóndito laboratorio del único acelerador de partículas. Los fundamentalistas asediaban ya las remotas instalaciones científicas ubicadas en los fiordos noruegos, tras la dramática caída del continente americano y de la práctica totalidad de Europa. La humanidad estaba dividida en dos facciones descompensadas y antagónicas. Los fundamentalistas, a punto de hacerse con el poder mundial e imponer su ilógica como modelo de gobierno; y los científicos, el último reducto de civilización a punto de desvelar uno de los enigmas más importantes del universo. Era una carrera desigual con un desenlace que apuntaba a la inevitable victoria de la sinrazón. Los científicos lo sabían y se afanaban en culminar su descubrimiento con la esperanza de que pudiera convertirse también en vía de escape. Después de probar que el gravitón huía a otra dimensión tras el choque en el acelerador de partículas, le habían seguido el rastro y estaban a punto de usarlo como llave de acceso a esos otros mundos que nos rodean y que sin embargo no podemos ver.

Justo cuando los ejércitos acechaban ya las últimas defensas de aquella civilización decadente, la puerta se abrió. Efectivamente, había salida, y era espléndida y luminosa. Los científicos no sabían muy bien cómo actuar pese haber especulado con ese momento durante siglos. A la hora de la verdad fueron tímidos en la exploración de aquel "más allá" bendecido por la ciencia. Mandaron drones de reconocimiento que enviaron unas primeras imágenes alucinantes que confirmaban la existencia de un universo paralelo al nuestro, con grandes similitudes y algunas diferencias exóticas y originales. Fue una hora de felicidad inconmensurable, de exploración del edén, de admiración y emoción poco contenida. Pero pronto llegaron los signos preocupantes: una interferencia desconocida fue apagando los drones secuencialmente hasta dejar operativo sólo uno que enfocaba a un magma violáceo de textura desconocida. El magma empezó a moverse convulsivamente y en cada sacudida emitía un sonido extraño pero que parecía seguir cierta lógica. Rápidamente los ingenieros afinaron las computadoras de reconocimiento de lenguajes cifrados para intentar desvelar el mensaje. No tardaron demasiado en hacerlo, con la colaboración del magma que dibujó una fórmula clave para descifrar su habla. Quería hacerse entender.

Esta es la transcripción del mensaje que encontraron los fundamentalistas y que fue rápidamente destruido junto a la totalidad de las instalaciones y de los científicos que la habitaban: “Seres de la tierra. Sabíamos de su existencia. Les visitamos en múltiples ocasiones. Siempre nos aterró su capacidad destructiva. Esperábamos que en sucesivas civilizaciones se atenuara. Pronto descubrimos que su prodigioso desarrollo científico nunca aplacaría ese instinto. Han sido clasificados como especie depredadora y por tanto no queremos establecer contacto alguno. Procedemos al sellado de esta puerta y les conminamos a no abrir ninguna otra, jamás.