Mi truco de magia

Observaba día a día cómo mi padre dejaba caer un líquido transparente a un recipiente lleno de otro líquido diferente. Observaba cómo, de repente, cambiaba de color. Siempre le preguntaba cómo lo hacía, asombrada, y él me respondía que era magia, la magia de la química. Yo ansiaba poder hacer ese tipo de magia.
Me decía que, a veces, la magia era peligrosa, pero que si sabías tratarla y la manejabas con cuidado y cariño, era inofensiva, incluso beneficiosa. Me enseñaba toda la magia que él sabía hacer y mi deseo por aprenderla aumentaba con el tiempo.
Cuando crecí, quise dedicarme a la química, lo mismo que mi padre. Todos los trucos habidos y por haber yo me los sabía y me fascinaba el porqué de esos sucesos asombrosos. Quería aprender más y más. Estaba redescubriendo todo lo que me rodeaba. Absolutamente todo a mi alrededor se empezó a convertir en algo fascinante que observar e investigar.
Sin embargo, un día llamaron a casa comunicándonos que mi padre había tenido un accidente en el laboratorio y que lo llevaban al hospital urgentemente. Yo me enfadé con la ciencia, con la química. Su magia lo había traicionado.
Iba todos los días al hospital a visitarlo y, muchas veces estaba dormido. Pero, cuando lo encontraba despierto, solo podía decirme: «Con cariño y respeto. Trátala con cariño y respeto y descubrirás lo increíble». Yo pensaba que deliraba, pero con el tiempo aprendí que tenía razón. El accidente tuvo repercusiones peores de las pensadas y mi padre ya agonizaba cuando me dijo: «No te lo quedes para ti. Compártelo». Y esas fueron sus últimas palabras.
Eso hice. Compartí la magia que me había sido transmitida. Comencé a enseñar química a los más pequeños. Siempre me pedían que les dejase tocar el fuego, que les enseñase a hacer hielo caliente. Muchos de mis niños siguieron la misma trayectoria que yo. La curiosidad por aprender los porqués crecía y crecía, al igual que me había pasado a mí.
De eso hace ya unas décadas. Pero no me arrepiento de la magia que conseguí enseñar, de hacer creer en lo imposible, de motivar al descubrimiento del mundo que nos rodea. No. No me arrepiento lo más mínimo. A pesar de que me hayan criticado por comparar la química con la magia. Pero en realidad es lo que es. Aprendes detalladamente los trucos, los realizas y simplemente dejas que surjan. Solamente los especializados y los que tengan la curiosidad suficiente sabrán lo milagroso de tu truco químico.