Recuerdos

Siempre me había encantado pensar cómo se crean nuestros recuerdos, cómo logra nuestro cerebro guardar nuestras preciadas (o no tanto) memorias. Cuando no lograba acordarme de alguna palabra, pero de repente ésta me estallaba en la cabeza… Me gustaba imaginar a qué se podía deber todo eso. ¿Cómo era posible que sustancias químicas y potenciales eléctricos en nuestras neuronas fueran capaces de destapar al instante algo que creíamos haber olvidado? Estas preguntas me generaban tanta curiosidad que casi rozaban la frustración.
Pero habían pasado muchos años desde aquellos momentos y la ciencia había avanzado mucho en ese campo. Tanto, que casi asustaba.
A través de la ventana del laboratorio podía ver la gran cola de gente que se formaba a la entrada del edificio adyacente. La fila se componía de toda clase de personas: hombres, mujeres, ancianos, jóvenes… incluso algún que otro niño.
Desde que se había patentado el descubrimiento la empresa se encargó de sacarle el máximo partido. “¿Quieres olvidar los peores momentos de tu vida? ¡Nosotros te ayudamos!” o “¿Has tenido un mal día y necesitas acordarte de algo bonito? Visítanos y podrás escoger entre los mejores recuerdos.” Cada vez había más anuncios como esos y lo peor era que cada vez más gente llamaba, atraída por la idea.
Todavía recuerdo cómo había comenzado todo. Se creó una campaña dirigida a gente que había sufrido situaciones traumáticas y que no podía continuar su vida de manera normal. De esta manera los expertos eliminaban el sufrimiento causado por esos recuerdos. Y pensar que todo había sido gracias a nuestra investigación… A veces pienso que nunca deberíamos haber hablado con aquella compañía, era un tema demasiado delicado, y más si había dinero de por medio. Además, luego todo se les fue de las manos; la gente de la calle se empezó a enterar del proyecto y se corrió la voz. Neurodreams S.L empezó a ofrecer sus servicios a cualquier persona que se lo pidiera, y, literalmente, jugar con sus recuerdos. Ahora todo el mundo podía tener recuerdos hechos a medida, o borrar aquellos que les hacían sentir mal.
Me sentía bien por haber dejado el proyecto, pero ahora quedaba la peor parte. Sí, había salido del programa, pero tenían que asegurarse de que no contara nada de sus métodos, al fin y al cabo yo había participado en el descubrimiento y tenía la mayor parte de la información.
La verdad que se me había pasado el tiempo volando, ya sólo quedaba una señora delante de mí en la cola.